Contra el mito del vigilante-justiciero

¿Sería realmente una buena idea el que llegase a existir un vigilante-justiciero que se dedicara a ir por ahí aterrorizando a los malvados? Todos hemos fantaseado alguna vez con ello, incluso nos hemos imaginado en su lugar. A nada que reflexionemos un poco, sin embargo, el concepto quizás arroje más sombras que luces.

29716769751_2ca846db30

 (Fuente: Sir Prime Flickr via Compfight cc)

En el imaginario colectivo la figura del vigilante justiciero siempre ha gozado de un gran atractivo romántico. El cine y los cómics se han nutrido ávidamente de una figura popular de la que nunca han faltado exponentes, desde personajes icónicos tan dispares como el Zorro, el archiconocido y polifacético Batman, toda la recua de superhéroes de Marvel y DC, los claroscuros de V de Vendetta o Watchmen, y los casi antihéroes Harry el Sucio, el John McClane de la Jungla de Cristal, o el Bryan Mills al que encarna Liam Neeson en Taken.

Figuras como estas las hay de todos los colores: desde visiones oscuras y controvertidas a relatos dicotómicos y casi hagiográficos en donde no cabe duda de quién es el bueno y porqué, y desde historias cómicas a truculentas tragedias, agrias venganzas o altruismo encomiable. No obstante, y sea cual sea el trasfondo, el relato suele mantenerse inalterado y encorsetado dentro de las siguientes líneas maestras: un individuo (o varios) se ve impelido, normalmente tras una experiencia traumática, a combatir el mal tomándose la justicia por su mano, debido generalmente a que el sistema legal imperante se muestra impotente o está corrompido.

Aún con sus más o sus menos, esta narración siempre tiende a mitificar al protagonista, justificando todos o gran parte de sus actos, e incitando al público no sólo a empatizar o a identificarse con él, sino también a elevarlo a la categoría de héroe. Sin embargo, y como sucede con un gran número de creencias y sentires populares extendidos, un análisis mínimamente profundo y detallado de lo que realmente supondría la existencia de un héroe vigilante desvela una realidad que, si no cercena esta visión romántica de la que parece gozar dicha figura, si la deja, por lo menos, bastante mal parada.

(Vamos Harry, mátalos a todos. ¡Bang, bang!)

 

Primero: la idea de “justicia” del justiciero sería suya y solo suya

Existe ya de por sí una dificultad inherente en el hecho de establecer y fijar un criterio general de justicia a través de un proceso plural, colectivo y social. La noción que de “ley”, “crimen”, “justo e injusto” poseemos hoy en día proviene de la interacción de muy diversos campos del conocimiento humano, como la religión, la ética, la moral, la filosofía, la antropología, la psicología, la sociología, la jurisprudencia o la política, y todo ello con el trasfondo siempre presente de las lecciones que la historia ha impartido en el devenir de los siglos. Es por ello el producto de un consenso bastante amplio de individuos doctos en la materia, sometido a la constante revisión y crítica de especialistas e intelectuales, y periódicamente cuestionado y criticado por las sucesivas polémicas que tanto académicos como profanos desatan en lo que denominamos comúnmente como la opinión pública. Si un debate tan complejo, tan amplio, tan prolífico, con tantas influencias y campos entrelazados, y tantos actores implicados, no está exento de polémica, más difícil aún lo tendría un solo individuo para lograr que su propia idea de justicia alcanzase un consenso general casi epifánico.

El justiciero es, por definición, un individuo que no consulta a nadie y que se mueve siguiendo su propia concepción de justicia. Esta concepción responderá a su propia idea del bien y del mal, idea que, evidentemente, será personal, subjetiva y parcial, estará basada en todo tipo de razones, creencias, valores y experiencias vitales, y podrá ser más o menos lógica, racional o justa. Es decir, que en el mejor de los casos dichas creencias podrían ser más o menos lógicas a ojos de muchos, pero también podrían estar fundamentadas en razones de lo más peregrinas, tales como prejuicios sociales, ideales nacionalsocialistas, fanatismo religioso, racismo, mesianismo, alucinaciones psicóticas, venganza personal, sexismo o totalitarismo, por poner tan solo algunos ejemplos pintorescos.

(El Zorro, uno de los más icónicos justicieros de hispanoamérica, quizás no habría gozado de tanta popularidad en Hollywood si en lugar de contra los españoles o Santa Ana se hubiese rebelado contra los EEUU)

 

Segundo: est humanum errare

Aún en el improbable caso de que todos coincidiéramos a priori con la idea personal de justicia que pudiera tener el vigilante, sucede que el susodicho héroe es humano, ergo siempre podría equivocarse. En algún momento su juicio podría resultar incorrecto, erróneo, parcial, subjetivo o incompleto. Podría dejarse llevar por las emociones, cometer un error de cálculo, pasar algo por alto, quedarse corto a la hora de castigar a quien hay que castigar, o incluso ajusticiar directamente a quien no lo mereciese.

La justicia como sistema, con todos los expertos que en ella están implicados, con el constante escrutinio al que está sometida por los legisladores y la opinión pública, con sus mecanismos tanto internos como externos de corrección y vigilancia, aún con tratarse de un amplio conjunto de contramedidas e individuos que se controlan los unos a los otros y que han de rendir cuentas, con todo, es un sistema que presenta errores. ¿Cómo no iba a cometerlos un solo individuo?

(Steven Seagal también gustaba de sobrarse, como en esta escena tan manida en la que los típicos ladrones macarras entran a robar al típico ultramarinos y se topan con el típico héroe de acción)

 

Tercero: las personas son maleables

Aún en el improbable caso de que la idea de justicia del vigilante no solamente alcanzase un quórum con el resto de seres racionales vivientes, sino que fuese además infalible en la ejecución de sus castigos, aún cuando este estado perfecto e ideal de cosas lograse alcanzarse, no habría nada que garantizase que fuese a perdurar en el tiempo.

De nuevo cabe señalar que el justiciero es un ser humano y, por lo tanto, un ser sometido a dudas, disquisiciones, conflictos emocionales, problemas personales y demás. Su postura podría variar de un momento a otro, podría cambiar de parecer de repente, podría radicalizarse, podría enloquecer, podría emborracharse de poder, podría mover su vara de medir y alzar demasiado la mano o, al contrario, volverse demasiado riguroso, podría corromperse, y un sinfín de posibilidades más entre las cuales, por supuesto, también entra la posibilidad de morir.

(The Equalizer (2014), una nueva versión más oscura y más moderna de lo mismo)

 

Cuarto: las contradicciones que un solo hombre no puede resolver

En su particular cruzada al justiciero bien podrían presentársele dilemas morales irresolubles provenientes de su condición de ser humano, precisamente el tipo de problema que acarrea el que una institución se encarne en una persona de carne y hueso.

El justiciero habría de dejar de lado la venganza personal y mantenerse imparcial, fiel a su ideología y a su misión, aún cuando recibiese ataques personales o estos afectaran a sus más allegados. Tendría que armonizar vida personal y personalidad secreta. Tendría que ajusticiar quizás a alguien que en su momento fue un aliado o un amigo. Tendría incluso que escapar de la justicia por ser él mismo un fuera de la ley, e infringirla en numerosas ocasiones. La justicia ha de ser ciega, pero ¿puede ser ciego un ser humano?

Y aún hay más razones… concretamente seis más…

(John Doe (2014), una película que aborda críticamente muchas de estas cuestiones)

 

(lee la segunda parte de este artículo aquí)

(lee este artículo en inglés aquí)

2 responses to “Contra el mito del vigilante-justiciero

  1. Pingback: Contra el mito del vigilante-justiciero (parte 2) | marcosmarconius·

  2. Pingback: Against the myth of the watchman-vigilante | marcosmarconius·

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out /  Change )

Google photo

You are commenting using your Google account. Log Out /  Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out /  Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out /  Change )

Connecting to %s