La nueva charlatanería del siglo XXI

“Magufos”, seguidores de la “New Age”, “conspiranoicos”, astrólogos, videntes, investigadores de lo paranormal, parapsicólogos… los charlatanes han adoptado o recibido siempre mil y un nombres, pero más creativa aún que su “nomenclatura” es su sorprendente y recientemente adquirido talento para proliferar en las infinitas posibilidades e impunidad que les ofrece la red. Como parece que han venido para quedarse, no estaría de más echarle un vistazo a algunas de sus descabelladas historias, ya sea para estar prevenidos o, simplemente, para pasar un buen rato.

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(Fuente: Damien Liénard Flickr via Compfight cc)

 

Embaucadores 4.0

Podría pensarse que el impresionante desarrollo experimentado por la humanidad durante las últimas décadas, especialmente tanto en el ámbito científico como en el de las tecnologías de la comunicación, debería haber servido para ayudar a difundir la ciencia como nunca antes entre el grueso de la población mundial.

No obstante, y aún admitiendo que probablemente haya sido así en la mayor parte de los casos, de vez en cuando surgen indicadores y noticias cuanto menos sorprendentes, quizás a modo de cura ante cualquier exceso de optimismo ilustrado. Así, observamos, por ejemplo, el gran predicamento del que las teorías creacionistas aún siguen gozando en EEUU, o la ignorancia que muchos españoles demuestran acerca de un concepto astronómico tan básico como el del heliocentrismo.

Como fuere, y posibles lagunas educativas aparte, la situación puede tornarse y se torna de hecho mucho más surrealista cuando, y demostrando lo acertado de la premisa de que “más no significa necesariamente mejor”, la libertad de expresión que internet y las redes sociales ofrecen a cualquier ser humano sin distinciones por un lado, y un extendido analfabetismo entre el común de los ciudadanos a la hora de juzgar qué fuentes de información son verídicas por otro, han posibilitado no ya tanto el surgimiento sino, más bien, la propagación y popularización de un sinnúmero de “teorías” de la conspiración, historias fabulescas a cada cual más increíble que, con el tiempo, se han articulado en verdaderos relatos seguidos fielmente por innumerables partidarios repartidos a lo largo y ancho del mundo.

Intentar desmentir o rebatir aquí uno a uno todos estos sinsentidos resultaría una labor tan ciclópea como ingrata a la que, y como es comprensible, no se va a dedicar este artículo. Y ello no solo por lo ingente de la tarea, también porque uno de los rasgos que más caracteriza a sus numerosos correligionarios es el del sesgo que sistemáticamente aplican a todos sus razonamientos, aparte de que tampoco cabría olvidar que el onus probandi, o la responsabilidad de aportar pruebas o argumentos consistentes, recae siempre y necesariamente en quien afirma algo, resultando además que la falta de cualquier evidencia es, por cierto, otra característica muy común en este tipo de ambientes.

Por todo ello, en este artículo simplemente se le dará un vistazo a algunos de sus ejemplos más irrisorios o pintorescos, se hablará de los mecanismos mentales que convierten a este tipo de razonamientos tan singulares en fenómenos atractivos para muchos, de los rasgos que suelen ser comunes a todos ellos, de algunas personas que se han dedicado o se dedican a combatir públicamente sus falsos postulados, y de algunos casos reales en los que semejantes formas de pensar han acabado teniendo consecuencias negativas palpables y ciertas en la vida de determinadas personas.

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(Fuente: Wikipedia)

 

Algunas de las historias más populares a día de hoy

Podríamos comenzar con todo un clásico, aún a día de hoy vigente a pesar de su antigüedad: el del falso aterrizaje del hombre en la Luna. La historia, en resumidas cuentas, vendría a asegurar, más o menos, que el gobierno de EEUU y la NASA simularon el alunizaje de los astronautas del Apolo XI en 1969, grabando las tan famosas secuencias y tomando fotografías en un plató de televisión secreto para hacerlas pasar posteriormente como ciertas conservando, por supuesto, el secreto hasta la actualidad. En sus versiones más osadas se asegura incluso que fue el mismísimo Stanley Kubrick el encargado de dirigir dicho montaje.

(A Funny Things Happened on the Way of the Moon, en español El Lado Oscuro de la Luna, falso documental que, para más inri, fue emitido el día de los Santos Inocentes, a pesar de lo cual mucha gente le otorgó credibilidad)

Aunque parezca mentira, no obstante, existe una variante aún más fabulesca de historias sobre la Luna, según la cual fueron los nazis quienes, en 1942, pusieron un pie en nuestro satélite por primera vez, y no solo allí, sino también en Marte en una misión sin retorno que habría aterrizado en 1945 o principios de 1946. Además de explicaciones no demasiado fundamentadas acerca del tipo de tecnología que les permitió realizar tal hazaña, o de que descubrieron que en la Luna había atmósfera y se podía respirar, tampoco se ha llegado a explicar nunca muy bien porqué los nazis no usaron semejantes avances científicos para ganar la guerra.

(La película Iron Sky (2012) se cachondea precisamente de semejante “teoría”. Trailer)

Cambiando diametralmente de tema, en los últimos años se viene escuchando a diversos grupos de gente afirmar, en contra de toda evidencia científica, que la tierra es plana. Describir cómo dicha “teoría” concibe el firmamento, la atmósfera, qué forma le da al resto de cuerpos celestes que nos rodean, al movimiento de las estrellas, o sobre qué se apoya o si bien se encuentra en caída libre dicha tierra plana, llevaría mucho tiempo, pero aunque nadie ha tomado aún fotografías de ninguna sima precipitándose al vacío desde el borde de la tierra, sí puede visitarse la página web de la “Sociedad de la Tierra Plana” para ulterior “información”.

Igual que plana, no obstante, la tierra también podría ser hueca, o eso piensa otra de estas particulares corrientes de pensamiento. En este caso, al parecer, existirían accesos al centro de la tierra a través de grutas o agujeros situados en el polo norte y el polo sur, y mantenidos, por supuesto, en total secreto por todos los gobiernos. Una vez dentro, una serie de condiciones físicas harto improbables darían lugar a un cielo y a una atmósfera similares a las de nuestro mundo, que contarían incluso con su propio sol, lo que permitiría la existencia de exuberante vida y, por qué no, incluso de dinosaurios. No es casualidad que una de las “fuentes” que sus defensores esgrimen sea la de la fecunda imaginación del genial Julio Verne.

Otro relato tan popular como añejo es el de los ovnis en general, y el de la archifamosa Área 51 en particular. Aunque los supuestos avistamientos de platillos volantes, las historias de hombrecillos verdes y cabezones, los estremecedores relatos de palurdos campestres y ganado abducidos en medio de la noche, y la nave supuestamente estrellada en Roswell, Nuevo México, sumen todos la friolera de 70 años, y aunque la serie de televisión Expediente X ya esté más que pasada de moda, aún son legión quienes se dedican a cazar naves espaciales sin haber logrado ofrecer ningún tipo de evidencia hasta la fecha, muy posiblemente porque, y a pesar de los últimos avances tecnológicos, al parecer se sigue trabajando con cámaras de escasa calidad y una ausencia total de pulso.

(Men in Black (1997), otra película que supo sacar provecho de las “teorías” conspirativas)

Los denominados “chemtrails” son uno de los mejores y más recientes ejemplos de paranoia. Al parecer, alguien decidió un buen día, observando las estelas de vapor que los motores de los vuelos comerciales dejan aleatoriamente en el aire, que aquellos rastros se trataban, en realidad, de productos químicos que dichos vuelos estarían secretamente rociando sobre sus cabezas a fin de propagar todo tipo de males entre la población mundial, desde diversas enfermedades a productos para el control mental. De entre todas las posibles objeciones que se le podría poner a esta “teoría”, como que fumigar a decenas de kilómetros de altitud es del todo ineficaz, llama la atención también pensar cómo diantres los responsables de tan maquiavélico plan harían para librarse de los negativos efectos de rociar alegremente y a discreción todo el globo terráqueo.

Otra “conspiranoia” reciente se empecina en demostrar que el sida no existe, sino que se trata de una invención ideada con ánimo de lucro por parte de las todopoderosas y siempre codiciosas farmacéuticas con la complicidad, por supuesto, de la comunidad científica internacional “oficial” y diversas autoridades. Algunas personas, sin duda extremadamente temerarias, aseguran incluso que, tanto esta enfermedad como el cáncer, se pueden curar con bicarbonato sódico. Tampoco falta el caso de gente que, a fin de demostrar sus teorías, se ha inyectado supuesta y públicamente VIH en sangre, como el famoso Robert Willner, quien acometió el experimento en su propia persona después de que le fuese retirada su licencia médica, y quien murió a los pocos meses por causas no relacionadas lo que impidió, por supuesto, poder comprobar sus atrevidas afirmaciones.

(Robert Willner se inyecta con sangre infectada de SIDA delante de las cámaras)

El proyecto HAARP, siglas de High Frequency Active Auroral Research Program, ha sido otra fuente de inspiración para las conspiraciones. Oficialmente, se trata de un proyecto del gobierno estadounidense cuyas instalaciones están ubicadas en Alaska y que estudia la ionosfera a fin de mejorar las comunicaciones radiofónicas y la vigilancia espacial. Para algunos, no obstante, se trata de un dispositivo militar extremadamente poderoso capaz de controlar el clima global y responsable de un sinnúmero de desastres naturales ocurridos recientemente, incluyendo, sin ir más lejos, los últimos terremotos de Haití o de Japón.

Los atentados del 11-S contra las torres gemelas han sido también excelente materia prima para las mentes conspirativas. Aún hoy es impresionante el número de estadounidenses (y no estadounidenses) que creen que los rascacielos fueron demolidos por los servicios secretos del gobierno de Bush a fin de obtener un casus belli perfecto para intervenir en Oriente Medio, sin que falten aquellos que directamente afirman que los aviones que se estrellaron contra el World Trade Center estaban, en realidad, tripulados por agentes kamikaze de la CIA. Sobre el ataque al Pentágono circulan también numerosos rumores negacionistas tan originales y osados como los que rodean a las dos torres, o incluso más.

(South Park, con su característico estilo, se hizo eco de la fiebre conspiranoica en su capítulo Mystery of the Urinal Deuce (El misterio del ñordo en el urinario)

Cambiando de tercio hacia temas más prosaicos, fue notable, hace ya unos años, la histeria colectiva desatada ante los rumores de que los teléfonos móviles podían producir cáncer, así como impotencia si se llevaban demasiadas horas en el bolsillo cerca de los testículos. Aunque sigue sin haber evidencias científicas de que la exposición a las ondas electromagnéticas usadas por estos dispositivos (de una frecuencia muy inferior a otras potencialmente dañinas, tales como los rayos X o los gamma) creen algún tipo de problema de salud, aún son muchos los que no se fían.

(Famoso vídeo de youtube sobre los supuestos efectos de las ondas telefónicas que, evidentemente, se demostró falso)

Los “reptilianos” son, sin duda alguna, una de las fantasías más delirantes. En resumen, una raza alienígena de reptiles bebedores de sangre y disfrazados de seres humanos estaría controlando desde las sombras el devenir del mundo entero. Uno de sus mayores exponentes, según el conocido “iluminado” David Icke, sería la mismísima reina de Inglaterra. Hay versiones de esta teoría que ahondan incluso en distintas familias de extraterrestres con distintas características según cada caso.

(La popular serie de televisión de los 80 V, quizás haya servido de inspiración a los que creen en los reptilianos)

Los illuminati, los masones y los judíos en general han sido también ampliamente usados como chivos expiatorios, acusados de dominar prácticamente todo el mundo desde bambalinas y ser causantes de todo tipo de desgracias, incluidas las dos guerras mundiales. El libro Los protocolos de los Sabios de Sión, tachado de libelo antisemita desde hace décadas, y las diversas historias que circulan alrededor de un supuesto “Nuevo Orden Mundial” que ya se vendría gestando desde el siglo XVIII, son buenos ejemplos de conspiraciones que, a pesar de los muchos años que arrastran, no parecen pasar de moda.

Como la lista de conspiraciones se volvería casi interminable conviene dejar fuera otras muchas, a pesar de que resulten extremadamente entretenidas, como sucede con las técnicas de control mental supuestamente usadas por el gobierno de EEUU y conocidas como “MK-Ultra”, el cantante Elvis aún vivo y oculto deliberadamente en algún recóndito lugar, Hitler también vivo y pululando por Argentina, el doble de Paul McCartney, Mijaíl Gorbachov como agente encubierto de la CIA encargado de destruir la URSS desde dentro, el experimento Filadelfia, el Triángulo de las Bermudas, la muerte de la princesa Diana de Gales, las pirámides de Egipto construidas por extraterrestres, el uso del flúor en el agua para impedir el desarrollo mental, el proyecto SERPO, los atentados del 11-M de Atocha obra del gobierno del PSOE con la complicidad de las fuerzas de seguridad, las vacunas que causan autismo, la vileza y los riesgos que esconden los alimentos transgénicos, la verdad sobre el asesinato de JFK…

(La película de 1991 JFK, de Oliver Stone, se hace eco abiertamente de las teorías conspirativas que rodean la muerte del presidente estadounidense)

(Lee la segunda parte de este artículo aquí)

(Read this article in English here)

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