Los Desposeídos: anarquismo del espacio (parte 2)

Tras echarle un vistazo al peculiar mundo propuesto por Ursula, al “odonianismo” y a la vida en Anarres se entenderá mejor la odisea personal del protagonista de la novela y su personal proceso de iluminación, que lo será también para el propio lector.

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(Fuente: Wikipedia)

 

(Lee la primera parte de este artículo aquí)

 

Un mundo muy particular

La vida en Anarres, dado el servicio obligatorio a la comunidad y las difíciles condiciones del planeta, no es demasiado fácil por lo tanto, al menos en apariencia. El planeta es más bien hostil, con un terreno mayormente árido, escasez de recursos y un clima difícil, en el que su población, aunque ya haya superado el mero nivel de subsistencia, sigue a menudo bregando por su futuro.

No hay lujos, ni abundan las posesiones personales, ni las ciudades o los edificios cuentan con demasiadas comodidades más allá de lo más básico. Las urbes son simples y funcionales, pequeñas y sin demasiados alicientes ni adornos. No hay vicios, ni drogas, ni demasiado entretenimiento, ni siquiera la comida es especialmente copiosa o sabrosa. Los servicios públicos son elementales, y cubren simplemente las necesidades más básicas. Los individuos han de compaginar sus propios intereses personales con el servicio a la comunidad, han de trabajar duro y han de acostumbrarse y educarse a sí mismos a fin de no ser celosos, posesivos, envidiosos o insolidarios.

Por otro lado, existe una igualdad real entre individuos que hace que, en la práctica, apenas existan las diferencias sociales, el crimen, la conflictividad o la insatisfacción. Las necesidades básicas están ciertamente bien cubiertas, disponiendo de un sistema sanitario, un transporte, una vivienda, una educación y una alimentación gratuitos, austeros y sencillos pero de calidad. En caso de necesidad se pueden adquirir libremente artículos en los almacenes públicos, en donde se intenta proveer siempre de todo lo necesario. La convivencia se lleva a cabo sancionada solamente por la conciencia individual. Los individuos no son discriminados por razón de sexo, edad, raza o ideología. Hay libertad de expresión y de crítica, de creencia, de circulación (salvo en caso de movilización perentoria), de género y de opción sexual. No hay policía, ni prohibiciones, ni sistema carcelario, ni ejército, y las conductas reprobables simplemente reciben una censura abierta por parte del resto de conciudadanos que funciona mejor que cualquier fuerza coercitiva.

Uno de los aspectos más curiosos, sin duda, es que, y a fin de asegurar la regencia de semejantes principios, en la sociedad Anarrense no existen términos que denoten siquiera el más leve atisbo de posesión, como “matrimonio”, e incluso se aplica un tipo de lenguaje específico denominado “právico” en el que se evita conscientemente el uso de posesivos o expresiones que denoten control sobre algo, dando a entender más bien que todo pertenece a todos. Además, los niños son educados desde pequeños para recelar de Urras, a la que se pone como ejemplo de derroche, desigualdad, injusticia y opresión, aunque intentando no caer en el puro y duro adoctrinamiento.

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(Fuente: fnege Flickr via Compfight cc)

 

Shevek y el “ansible”

La historia que nos cuenta el libro se sitúa unos 200 años después de la llegada de los primeros “odonianos” a Anarres. Shevek, el protagonista indiscutible de la novela, es un joven e inteligente anarrense que empieza a bregarse en la particular sociedad y cultura de su planeta mientras se construye una prometedora carrera como científico.

A través de varias experiencias vitales en las que conoce la amistad, el sexo, el trabajo y las dificultades, Shevek parece comprender el sentido de la estructura social que rige sus vidas, aunque no por ello sin dejar de ser crítico y denunciar determinados aspectos que, desde su punto de vista, resultan negativos. Mientras transcurre su vida establece una relación sentimental duradera con una joven llamada Takver, con la que incluso tiene una hija, ello a pesar de los períodos de obligada separación a los que ambos se ven forzados dadas las necesidades de trabajo de la sociedad. Mientras tanto, y en medio de grandes esfuerzos y privaciones, el protagonista prosigue también con su carrera científica en tanto le va siendo posible.

En un momento dado el brillante intelecto de Shevek, quien trabaja en una “Teoría General del Tiempo”, está cerca de construir un instrumento denominado “ansible”, en esencia un dispositivo de comunicación interestelar capaz de superar las limitaciones de la física relativista y la velocidad de la luz a fin de facilitar una comunicación inmediata entre planetas pertenecientes a sistemas solares distantes. No obstante, y llegado a ese punto, su curiosidad choca con el carácter autárquico de Anarres, cuya población e instituciones, siempre recelosas y reservadas con respecto a sus vecinos de Urras, no están demasiado interesadas en innovaciones que faciliten la comunicación interestelar.

Como fuere, Shevek consigue autorización para viajar a Urras, el mundo originario de su raza, concretamente al país A-Io, a fin de entrevistarse con varios investigadores y profesores universitarios y conseguir así avanzar en sus pesquisas. Y es de este modo que el científico se despide temporalmente de su compañera y amigos, siendo probablemente el primer anarrense que desanda los pasos de sus antecesores pioneros en mucho tiempo.

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Las revelaciones de un anarquista en Urras

La primera impresión del recién llegado es la de sentirse abrumado. La vegetación, el cielo, las precipitaciones, los mares, los ríos, los bosques, el lujo, el arte, las grandes ciudades, la enorme cantidad de ciudadanos que las habitan, las ropas y abalorios que éstos exhiben, el consumismo, la abundante vida animal, la tecnología… todo es más hermoso, opulento y exuberante de cuanto haya podido observar jamás en su mundo natal. La acogida que se le dispensa en las universidades y entre la comunidad científica y demás personalidades relevantes de A-Io, así como de otros países, es inmejorable, al contrario que en su hogar sus colegas científicos apoyan con entusiasmo su proyecto, pronto se convierte en una figura popular entre los medios de comunicación, y puede permitirse incluso pasar bastante tiempo disfrutando de lujos que jamás habría imaginado en su planeta, viajando, atendiendo a eventos sociales y aprendiendo acerca de la sociedad, la cultura y la historia del mundo en el que ha aterrizado.

Con el tiempo, no obstante, Shevek comienza a desencantarse. El sistema educativo le parece ineficaz, la sociedad desigual, insolidaria, injusta y clasista, y la gente profundamente egoísta y posesiva. Enfrentado a aspectos como la pobreza, la guerra, la opresión, la mentira o la manipulación, se apercibe con sorpresa de que son elementos comunes en Urras que él ni tan siquiera conocía en su planeta de origen. En general, y aunque siga siendo crítico con su propia sociedad, Shevek llega a la conclusión final de que en Anarres existe mucha más libertad y, casi más importante, mayor bienestar moral que en un mundo rico y opulento como Urras.

Finalmente, y tras haber transcurrido varios meses en el planeta, haber observado tanto lo bueno como lo malo, haber contrastado sus conocimientos con las mentes pensantes del lugar, y haber avanzado en sus investigaciones hasta el punto de verse capaz de construir por fin el “ansible”, Shevek empieza a meterse en problemas por expresar con franqueza sus opiniones políticas y, más importante aún, por establecer contacto con diversos grupos libertarios subversivos o clandestinos simpatizantes con la filosofía “odoniana”. Al final, el anarrense ha de huir a la embajada del planeta Terra (la Tierra) tras haber participado en una masiva manifestación de protesta contra el gobierno que acaba siendo disuelta a tiros, y tras apercibirse de que sus anfitriones de A-Io están interesados en sus investigaciones mayormente para obtener ventaja sobre sus rivales de Thu. Desde la embajada de Terra, por lo tanto, Shevek termina radiando su recién adquirido descubrimiento al resto de la galaxia para hacer pública la tecnología del “ansible” a fin de que cualquier país o civilización pueda beneficiarse libremente de ella.

Una vez fuera de peligro, Shevek decide volver a Anarres junto a su gente, su mujer, hija y amigos, aún a riesgo de enfrentarse al recelo de sus conciudadanos debido a su prolongada estancia en Urras. En el viaje de vuelta, no obstante, hace amistad con un habitante de Hain llamado Ketho, quien le expresa su voluntad de acompañarle debido a su deseo de aprender lo máximo posible acerca de su mundo natal. Shevek acepta, pero en el momento de poner sus pies sobre el planeta ninguno de los dos sabe a ciencia cierta cuál será la acogida que sus habitantes les dispensarán.

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(Fuente: megapureta Flickr via Compfight cc)

 

Historias que hacen pensar

Los Desposeídos no es solo un sugerente relato de ciencia ficción lleno de mundos y personajes tan complejos como bien definidos y descritos. De hecho, no es tampoco interesante solamente para todo aquel que simpatice con las ideas libertarias, como de hecho lo es dada la gran popularidad alcanzada por el libro entre los filo-anarquistas de todo el mundo. Ésta es también una novela que plantea cuestiones que trascienden el anarquismo mientras nos regala una feroz crítica de un mundo, Urras, que se parece quizás demasiado al nuestro.

En medio de este libro surgen de hecho cuestiones tales como si el empeño en intentar mantener una filosofía de vida puede involucionar en opresión o excesiva rigidez, si la voluntad de aislarse conlleva el riesgo de la regresión, el peligro que la burocracia y la estabilidad de un régimen pueden acarrear incluso para dicho régimen, la necesidad de mantener siempre una postura crítica, la imposibilidad de que exista jamás una sociedad perfecta, la necesidad y más aún el carácter inevitable de que todo cambia siempre, la importancia de las decisiones y compromisos adquiridos meramente por convencimiento personal… y todo ello a través de la clásica figura del “viajero”, el individuo que abandona su pueblo, que sale de su zona de confort para contrastar su manera de entender la vida visitando realidades completamente diversas a la suya.

(Vivir la Utopía, documental).

(Read this article in English here)

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2 responses to “Los Desposeídos: anarquismo del espacio (parte 2)

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