Los Desposeídos: anarquismo del espacio

Ya se ha visto a la ciencia ficción servir de excusa perfecta para temas tan variados como el feminismo, el totalitarismo, la eugenesia o incluso la metafísica informática. En esta ocasión el asunto a tratar no será menor, pues Los Desposeídos, de la genial Ursula K. Le Guin, nos regala con la inspirada visión, tan rica como sustancial, de una interesante sociedad anarquista ambientada en un planeta y un futuro distantes.

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(Fuente: Wikipedia)

Una reina del género

La ciencia ficción social, género habitual y sin duda de entre los más pródigamente cultivados por Ursula K. Le Guin, es esa rama en la que los diversos temas sociales que el autor desea tratar tienen claramente mayor presencia y preponderancia en el relato que la fantasía o las cuestiones formales.

Ursula, nacida en Berkeley, California, en 1929, es sin duda una de las más reconocidas, afamadas y respetadas escritoras de ciencia ficción de la historia, y probablemente una de las más populares también, teniendo en cuenta que se trata de una leyenda viva.

Precoz escritora, publicó su primer libro a los once años, y se centró en sus estudios en literatura italiana y francesa, lo que le valió una beca para viajar a Francia, en donde conoció al que sería su marido, el historiador Charles Le Guin. Con él se mudaría a Georgia primero y a Oregón después, en donde fijaría su residencia hasta la fecha.

Aunque sus estudios (que acabó abandonando para priorizar la carrera de su marido), sus hijos, el poco éxito de sus primeras novelas y sus trabajos la mantuvieron alejada de la escritura durante un tiempo, empezó a consagrarse como novelista de ciencia ficción durante los años sesenta. El verdadero reconocimiento le sobrevino en 1970, no obstante, con su obra La Mano Izquierda de la Oscuridad, a la que seguiría muy pronto Los Desposeídos, publicada en 1974, pilares de una prolija y exitosa carrera cuyo más reciente hito vio la luz en 2008.

Hija de un antropólogo y una escritora, y educada en torno a la liberal y cultivada atmósfera de una de las más respetadas universidades del mundo como es Berkeley, no resulta extraño pues que Ursula impregne sus obras de asuntos sociales tales como la antropología, la sociología, la psicología y la política, habituales en sus novelas junto con el anarquismo y el medio ambiente. De hecho, Ursula ha terminado creando un sugerente y rico universo propio que le ha servido como excusa perfecta para tocar los diferentes temas que ha considerado de su interés, un universo muy rico en el que está ambientada esta novela y que describiremos a continuación.

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(Fuente: mullerhof Flickr via Compfight cc)

 

Los mundos del Ekumen

El escenario en el que se desarrolla la historia de Los Desposeídos no es, tal y como ya se ha dicho antes, exclusivo de este libro, sino que aparece siempre escuetamente en muchas otras obras de Ursula K. Le Guin al funcionar como pretexto en donde presentar todos aquellos temas sociales que han inquietado a su autora por una u otra razón. Así las cosas, lo cierto es que no es, por lo tanto, un aspecto demasiado importante ni esencial a la hora de tratar cualquiera de sus numerosos argumentos, pues dicho universo no supone ni tan siquiera un constructo estructurado o claramente definido sino que, y lejos de pretender crear una saga con él, su creadora se contentó con salpicar sus distintas tramas de pistas y breves referencias que, a veces, resultan incluso contradictorias. Como fuere, no obstante, dichos indicios, analizados en conjunto, conforman un cuadro ciertamente pintoresco.

De tan variadas fuentes se desprende que hace millones de años una especie humanoide conocida como Hain se dedicó a colonizar distintos planetas, entre ellos la Tierra, conservando en cada caso las mismas características genéticas esenciales de su raza pero efectuando también determinados cambios en el grupo colonizador en cuestión a fin de que éste pudiera adaptarse mejor al medio particular de su nuevo mundo de acogida. La civilización Hain colapsó tiempo después, no se sabe muy bien porqué, y el contacto entre sus planetas colonizados se desvaneció, por lo que cada especie humanoide se olvidó de la existencia de las demás y evolucionó durante millones de años de un modo completamente autónomo y aislado.

En algún momento indeterminado del futuro, en un tiempo y un universo algo lejanos al nuestro, la tecnología y los viajes por el espacio han hecho posible que las distintas civilizaciones humanoides desperdigadas por la galaxia (entre ellas los terrícolas) establezcan de nuevo contacto, llegando a interactuar incluso con los Hain quienes, después de todo, sobrevivieron a su propia debacle y siguen morando en su planeta natal. Del esfuerzo colectivo emprendido a fin de establecer relaciones amistosas, así como de ciertos conflictos habidos con una raza alienígena sin especificar, surge finalmente el Ekumen, una federación de decenas de planetas (se habla de hasta ochenta y tres) habitados por formas de vida humanoide inteligente esencialmente similares dados sus orígenes comunes pero también diferentes debido a millones de años de evolución divergente.

Aunque en contacto desde hace tiempo, los desplazamientos entre distintos sistemas solares son infrecuentes, dado que las naves requeridas son extremadamente caras y la relatividad hace que, a menudo, viajes que simplemente suponen días o meses para el viajero signifiquen años o décadas en el planeta de destino. Así las cosas, y aunque los miembros del Ekumen estén empezando a conocerse entre ellos, dado que las formidables distancias del espacio siguen suponiendo un obstáculo los distintos mundos se hallan aún en una emocionante fase de descubrimiento con respecto a sus vecinos. Son pues las diferencias de todo tipo que surgen al contrastar unas especies con otras lo que da a su autora la excusa perfecta para proponernos sus reflexiones antropológicas, sociológicas, políticas o psicológicas, según convenga y dependiendo de qué novela se trate.

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(Fuente: Hubble)

 

Urras y Anarres

De entre todos los mundos del Ekumen hay dos planetas que han experimentado una evolución paralela bastante llamativa, y es en ellos en donde se centra la novela Los Desposeídos: Urras y Anarres.

Aunque se trata en realidad de un doble sistema planetario, por convención se considera a Urras el planeta principal, entre otras cosas por ser el de mayor tamaño, y a Anarres su luna. Más allá de una diferencia en sus dimensiones, no obstante, Urras se diferencia de Anarres en el hecho fundamental de tratarse de un mundo fértil, extenso, de abundante agua, climas benignos y extensamente poblado, mientras que su satélite es un lugar mucho más inhóspito y pobre en recursos, aunque también tolere, con más esfuerzo eso sí, la vida humana.

Urras posee continentes que se dividen en diversos países con distintos gobiernos y sistemas políticos, la mayor parte de ellos post-industrializados y altamente desarrollados con una tecnología claramente superior a la de la humanidad actual, aunque existen fuertes diferencias sociales y económicas tanto entre dichos países como en el interior de cada uno de ellos. De entre todas estas naciones destaca A-Io, posiblemente la más poderosa de todo el planeta, un sistema capitalista parlamentario, y Thu, un tipo de socialismo totalitario cuyas relaciones con A-Io no atraviesan por su mejor momento. Anarres, sin embargo, está basada en un sistema comunitarista de corte anarquista que será explicado más adelante, con la pequeña ciudad de Abbenay haciendo las veces de capital por razones meramente administrativas.

Urras es considerado el hogar primigenio de la raza humana del sistema, los comúnmente denominados cetianos, pues fue desde allí desde donde se colonizó en su día la lejana Anarres. Debido a las diferencias ideológicas existentes entre ambos mundos, no obstante, el contacto se limita desde hace tiempo a los cargueros que, de cuando en cuando, aterrizan y parten del puerto espacial de Abbenay, desde donde se exportan minerales hacia Urras.

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El “odonianismo”, un anarquismo futurista

La diferencia más relevante entre Urras y Anarres es, sobre todo, la de sus sistemas políticos opuestos, razón por la que sus contactos son tan limitados y por la que Anarres, un mundo pobre, fue colonizada desde Urras, a la sazón un mundo mucho más rico, y no al revés.

Los habitantes originales de Anarres fueron en realidad un grupo de exiliados políticos que, tornados en pioneros, se mudaron de planeta en un período histórico especialmente turbulento. Dichos pioneros seguían las enseñanzas de una mujer llamada Laia Odo, originaria precisamente de A-Io, quien predicó un estilo de vida esencialmente anarquista y austero en oposición al hedonismo, al materialismo y a las injusticias sociales que, en su opinión, abundaban en su país de origen.

Basándose pues en el “odonianismo”, Anarres ha visto florecer una sociedad anarquista y comunitarista que rechaza de plano cualquier sentido de propiedad o de posesión, ya sea individual o colectiva, en cuanto a objetos, poder o incluso personas se refiere. Los “odonianistas” rechazan la autoridad impuesta por coerción y la jerarquía, entre ellos la religión no existe, y se tolera e incluso se estimula el amor libre, ya que la familia no es una institución reconocida, aunque se aceptan las uniones de parejas o personas que convivan juntas por cualquier tipo de afinidad o elección propia, ejerzan el tipo de sexualidad que estimen oportuno ejercer.

En Anarres los sindicatos, conformados por la libre asociación de diferentes individuos, se encargan de los diversos proyectos industriales o de la economía en base a los intereses de sus miembros y del conjunto de la sociedad, mientras que una agencia denominada “Divlab” procura trabajo y cubre todas las necesidades básicas de la población. La estructura administrativa es descentralizada y, como ya se ha dicho, Abbenay se establece como capital por razones puramente prácticas, sin que resulte significativamente dominante o distinta en relación al resto de asentamientos del planeta.

Se permite a los ciudadanos dedicarse a los oficios o campos que más les interesen, pero también se practica el trabajo rotatorio obligatorio, aunque con cierta capacidad de elección, para que ninguna tarea se convierta en repetitiva o cargante o se torne en algún tipo de obligación o necesidad, primando la autorrealización individual gracias al trabajo sobre la eficiencia. Como fuere, en determinadas circunstancias, y dado que Anarres es un planeta de recursos limitados en donde la lucha por la supervivencia es real y donde el interés común se considera más legítimo que el particular, hay ocasiones en que sus individuos han de aceptar ser asignados a determinadas labores y lugares por un tiempo preciso en aquellos casos de cierta urgencia, como puedan ser crisis agrícolas que puedan degenerar en hambrunas o escasez energética.

(Quizás los anarrenses se habrían cantado un tema similar en su planeta… si hubieran sido terrícolas…)

(Lee la segunda parte de este artículo aquí)

(Read this article in English here)

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2 responses to “Los Desposeídos: anarquismo del espacio

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