CIUDAD PERMUTACIÓN: COSMOLOGÍA INFORMÁTICA (parte 2)

Ya tenemos la ambientación y el escenario de una novela cuyas premisas son, como poco, sugerentes. Veamos ahora la epopeya que representan sus personajes rayando incluso en los límites de la metafísica.

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(Cortesía de Wikipedia)

 

(lee la primera parte de este artículo aquí)

 

Crear vida en el “autoverso”

Maria Deluca es una brillante diseñadora informática que un buen día recibe una suculenta oferta de trabajo por parte de un misterioso cliente que no es otro que Paul Durham. El objetivo: dado un determinado entorno virtual (el ya famoso “autoverso”) desarrollar, de acuerdo a sus propias leyes naturales simplificadas, una semilla capaz de generar una nueva biosfera, una forma de vida autónoma que pueda desarrollarse y evolucionar autónoma y libremente y a perpetuidad dentro de ese mismo ambiente. El nombre de dicha forma de vida será “Lambert”.

El proyecto intriga, apasiona y desespera a partes iguales a Maria quien, tras arduos meses de obsesivo trabajo, siempre bien financiada gracias a los fondos que regularmente le aporta su mecenas (y que éste recibe a su vez de los multimillonarios a los que espera vender su proyecto), y tras crear un contexto astronómico sui generis con su propio sistema planetario, consigue finalmente su objetivo: un prototipo de bacteria para el “autoverso” que, efectivamente, evoluciona y se autoreplica llenando los nichos ecológicos existentes.

Al principio Maria ignora las verdaderas intenciones del proyecto, creyendo que posee únicamente una excéntrica intencionalidad teórica. Durham, su patrón, es, como ya se ha dicho antes, una persona ciertamente peculiar, con un pasado de desequilibrio mental pero, al mismo tiempo, dotado de una poderosa inteligencia. En su afán por investigar la tecnología de las “copias”, años antes de su proyecto estrella, Durham ha creado varias “copias” de sí mismo que ha ido colocando en distintos ambientes virtuales a fin de estudiar la aceptación o rechazo que éstas podrían sentir ante su nueva realidad. Cansado de cosechar fracasos (las “copias” siempre acababan accediendo a una opción que ponía fin a su propia existencia, es decir, se suicidaban), y habituado a jugar con fuego en lo referente a los límites de su propia consciencia, Durham ha llegado incluso a ingresar su propia mente en un entorno virtual haciéndose creer así mismo que, en realidad, se trataba de una “copia” que era observada desde el exterior por su yo de carne y hueso y a la que éste había eliminado la posibilidad de autoeliminarse, una experiencia que le colocó al límite de su resistencia mental pero que le ayudó sobremanera a diseñar el mundo del “autoverso” y el “Elíseo”.

Eventualmente, Durham acaba confesando a Maria la verdadera intención del encargo, lo que tampoco le supone a ésta un importante dilema moral, en gran medida gracias a ir acompañado de un generoso estipendio. Lo que Maria sí accede a hacer tras entregar su trabajo, justo antes de desligarse completamente del proyecto, es a realizar una “copia” de sí misma que implantar en el “Elíseo” a fin de que pueda ser activada en caso de que a sus moradores les surjan problemas de cualquier tipo en el futuro, dado el hecho de que es ella la auténtica creadora del “planeta Lambert”.

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(Cortesía de Cati T Flickr via Compfight cc)

 

Un mundo propio

La historia da entonces un gran salto y todo da a entender que las “copias” han sido felizmente implantadas dentro del “Elíseo”, en donde sus moradores llevan habitando durante siete mil años de tiempo real, años que, debido a la ralentización de la potencia informática, suponen ni más ni menos que tres mil millones de años de tiempo subjetivo.

Los “elíseos” llevan pues eones viviendo sin tener ni idea de lo que ocurre en el mundo de los vivos y sin estar sujetos a los límites físicos a los que habían de amoldarse en su etapa de seres humanos. Cada uno posee un universo propio que manipular y amoldar a su gusto: pueden configurar su aspecto externo a voluntad, pueden cambiar las leyes físicas a su antojo, e incluso pueden crear copias suyas con las que poblar dicho mundo las cuales, a su vez, pueden crear otras copias. Más aún, pueden acceder a los archivos que constituyen su propia memoria y su personalidad y cambiar lo que consideren oportuno, eliminando recuerdos, modificando otros, añadiendo algunos si así lo desean y cambiando los parámetros de su forma de sentir o de pensar.

Ante tamaño conjunto de posibilidades infinitas se dan todo tipo de situaciones de lo más grotescas: algunos “elíseos” crean complejos universos hasta el más mínimo detalle y luego los destruyen para volver a empezar. Otros se entregan a la meditación y se convierten en ascetas. Otros manipulan sus mentes para sentir lo que quieren sentir y olvidar lo que quieren olvidar, y de tanto hacerlo, al ir eliminando todo recuerdo de cambios pasados, llegan a dudar incluso de la certeza de su propia personalidad y empiezan a no estar muy seguros de quiénes son realmente o de si aún guardan alguna semejanza con la persona que eran en el momento en que penetraron en aquel universo. Algunos le dan muchas vueltas a estas disquisiciones, mientras que otros manipulan sus archivos mentales para, sencillamente, dejar de preocuparse por todo esto. Hay “copias” que se aferran a su identidad, a su humanidad, creando incluso clones similares a su personalidad originaria a los que observan en secreto para ver hasta qué punto se diferencian de su personalidad actual. Algunas “copias” incluso interactúan con estos clones buscando provocar algún tipo de catarsis de sus pecados pasados. Mientras tanto, el tiempo va pasando y mientras unos van ocupando su interés en lo que espontáneamente se les ocurre otros se crean un patrón de conducta personalizado que les impone vocaciones al azar, entregándose a un hobby determinado con total dedicación durante milenios para luego cambiar a otro aleatoriamente.

Mientras tanto, el “Elíseo” se ha ido llenando con “copias” de las “copias” de sus habitantes originales, cada una de ellas a su vez perfectamente autoconsciente. Más allá, la vida en el “planeta Lambert”, por su parte, ha ido evolucionando poco a poco y de una forma completamente ajena a todo esto, pues desde el comienzo los “elíseos” han decidido no interferir y limitarse a observar a fin de preservar uno de sus más queridos entretenimientos.

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(Cortesía de Piyushgiri Revagar Flickr via Compfight cc)

 

El “Elíseo” en peligro

En un momento, no obstante, dado la “copia” de Durham activa a la “copia” de Maria. Evidentemente, algo va mal. A la nueva Maria replicada le lleva un tiempo asumir la idea de que su alter ego de carne y hueso lleva miles de años muerta y de que ha despertado dentro de aquel mundo informático que su patrón creó para un grupo de “copias” multimillonarias y en cuya elaboración ella tanto ayudó. Cuando por fin se hace a la idea de su nueva realidad Durham pasa a exponerle el problema.

La bacteria creada por Maria en el “planeta Lambert” ha supuesto un éxito rotundo, tanto que la vida ha ido evolucionando allí hasta crear un tipo de raza genuinamente inteligente, una sociedad de individuos insectoides denominados “lambertianos”. Fieles a su política original, en cuanto los “elíseos” se apercibieron de dicho fenómeno decidieron no intervenir y limitarse a observar el desarrollo de los acontecimientos.

Con el paso del tiempo, no obstante, la civilización de los “lambertianos” ha ido evolucionando en forma geométrica hasta el punto en que estos seres han comenzado a cuestionarse el origen de su propia existencia. Es en este punto en donde los “elíseos” se han dado cuenta de un síntoma preocupante: sin que nadie sepa muy bien cómo, a medida que los “lambertianos” han ido volviéndose autoconscientes parece que su propio mundo, el “planeta Lambert”, ha ido expandiendo su influencia y, de alguna manera, ha ido absorbiendo paulatinamente al “autoverso” y al propio “Elíseo”. Las “copias” corren pues el riesgo de dejar de existir.

En el preciso momento del despertar de Maria los “Lambertianos” han comenzado a elaborar un modelo teórico acerca del origen de su propio universo. Los “Elíseos” han decidido que ha llegado al fin el momento de establecer contacto con ellos y ofrecerles una explicación, pues piensan que ninguna forma de vida surgida del “autoverso” podría ser capaz jamás de desentrañar su propio origen sin contar con la lógica humana de quien inicialmente lo diseñó. A tal efecto, se prepara una expedición al “planeta Lambert” junto con las “copias” de Durham y Maria.

Maria comienza a estar preocupada por algo que, tanto para su pesar como para el del resto de “copias”, comienza poco a poco a sospechar: que dos marcos de realidad metafísica no puedan coexistir, y que la versión más lógica y estable pueda acabar fagocitando y comiéndose a la otra. Teniendo en cuenta que los habitantes del “Elíseo” son un conjunto de “copias” hechas a trozos que habitan mundos privados que no se rigen por las leyes del “autoverso”, mientras que en el “planeta Lambert” todo responde a un conjunto de leyes físicas que se aplican uniformemente, Maria teme que, en caso de conflicto, tenga más probabilidades de prevalecer la visión “lambertiana” del cosmos.

 

La realidad de los “lambertianos” se hace con el “autoverso”

Sus peores temores, sin embargo, se confirman después de la expedición. Los “lambertianos”, una vez les ha sido expuesta la verdad, y contra todo pronóstico, simplemente optan por descartar una explicación que encuentran demasiado compleja, ilógica y rebuscada, y prefieran basarse en su propia teoría de generación espontánea enteramente basada en las reglas del “autoverso” que, por lo tanto, no reconoce la existencia o siquiera la posibilidad de existir de algo similar al “Elíseo” o los “elíseos”.

El proceso de expansión del mundo “lambertiano” crece entonces exponencialmente a medida que sus habitantes finalizan su obra teórica, y las “copias”, desesperadas, intentan reducir la velocidad de ejecución del “planeta Lambert” y congelarlo, solo para descubrir, ya demasiado tarde, que el software no responde, pues todo el sistema ha escapado a su control y ha empezado a ejecutarse independientemente respondiendo a unos parámetros desconocidos que ya nadie comprende. Al final, el “Elíseo” implosiona y la suerte de las “copias” y de todos sus moradores es incierta.

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(Cortesía de Lions Ground Broadcast Network Flickr via Compfight cc)

 

Un relato denso pero visionario

No es este un libro que pueda leerse a la ligera, desde luego, pero su lectura resultará para cualquier ser humano con dos dedos de frente enormemente valiosa y estimulante.

La cuestión metafísica que propone su autor, para empezar, es compleja y enorme como sucede en pocos libros de ciencia ficción, pero precisamente por ello permite al lector bucear en unos planos del pensamiento insospechados y sorprendentes. A nivel detallista, la historia está llena de conceptos, ideas y tecnologías descritas con suficiente claridad y enormemente sugerentes que no resultan demasiado difíciles de comprender y que podrán inspirar a más de uno. Y todo esto por no mencionar los dilemas morales que plantea todo el argumento y que el libro expone en toda su crudeza.

Ciudad Permutación es, pues, un libro de esos que permiten abrir la mente a sus lectores, un libro que leer tranquilamente y sobre el que reflexionar después. Solo cabe recordar que, en las fechas en que se publicó la novela, internet no era aún más que una mera anécdota, por lo que solo cabe imaginar qué influencia habría tenido esta revolucionaria tecnología en su autor y en su relato si ambos hubiesen llegado a ser contemporáneos.

(El universo de Ghost in the Shell también juega, a su manera, con la capacidad de la informática para construir múltiples realidades. Trailer de la película homónima, 1995)

(read this article in English here)

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2 responses to “CIUDAD PERMUTACIÓN: COSMOLOGÍA INFORMÁTICA (parte 2)

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