UN MUNDO FELIZ, SINIESTRAMENTE FELIZ (parte 2)

Después de un vistazo general al cosmos de Un Mundo Feliz viene quizás la parte más interesante del libro: aquella en la que observamos el método por el cual se logra que cada individuo acepte su lugar en un mundo férreamente compartimentado, y esto de buen grado e incluso logrando ser feliz… en cierto modo al menos…

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(Cortesía de bookaholicvn Flickr via Compfight cc)

(Lee la primera parte de este artículo aquí)

Nacidos y condicionados para ser felices

Uno de los personajes de Un Mundo Feliz pronuncia una frase clave y esencial al poco de comenzar la novela: “El secreto de la felicidad y de la virtud es disfrutar con lo que has de hacer. El objetivo de todo este condicionamiento es lograr que a la gente le guste su inevitable destino o estatus social”. Efectivamente, el secreto de este “mundo feliz” es, básicamente, su gran parecido con el de una sociedad altamente especializada de insectos sociales, un entorno en el que cada individuo está concebido y predestinado para ocupar un determinado rol dentro del conjunto que pueda no solamente aceptar sino también disfrutar.

Los métodos con los que se consigue todo esto son variados, aunque el primigenio y esencial es el relacionado con la tecnología reproductiva pues, como ya se ha explicado antes, los niños se crean en cadena, en grandes laboratorios e incubadoras en las que se le aplican al feto diversos tratamientos que, ya de entrada, determinan a cuál de las cinco grandes castas pertenecerá el individuo, con todo lo que ello conlleva tanto en el plano físico como en el mental.

A mayores, esta predestinación genética se ve reforzada durante el período de crianza de con técnicas de condicionamiento. Al no existir la familia como institución (al estar limitada la reproducción a las incubadoras), es el personal especializado de estos centros el encargado de educar a los pequeños aplicando en ellos de forma repetitiva y constante y desde edades muy tempranas una serie de mecanismos tales como la inculcación de reflejos positivos y negativos en base al método de Pávlov o innumerables sesiones de aprendizaje, interacción social y juegos en los que se les conmina y acostumbra a aceptar determinados valores, comportamientos y principios en consonancia con el conjunto social y con su casta específica. Más aún, a la hora de dormir se somete a todos los niños durante varios años a interminables sesiones de “hipnopedia” durante las cuales una voz repite una serie de ideas morales que van calando poco a poco en el subconsciente del niño mientras éste duerme.

Durante la vida adulta del ciudadano hay también una serie de comportamientos indicados y contraindicados que siguen reforzando estos valores sociales: En general, se desalienta y disuade el pensamiento crítico o subversivo incidiendo en la idea de que todos los individuos son felices y de que no existen las preocupaciones. Mientras que las castas más bajas se muestran ajenas a semejantes cuestiones debido a su baja condición intelectual, las más altas, más allá de lo relativo a su desempeño laboral, se entregan en su tiempo libre a actividades superficiales, frívolas o incluso hedonistas, centradas en la mera satisfacción física o sensorial o el consumismo más desenfrenado, tornándose en esencia en una suerte de adultos objetivamente inteligentes pero con evidentes rasgos infantiles e inmaduros. La cultura o el intelectualismo brillan por su ausencia, y la importancia del consumismo es tal que los distintos tipos de actividades de ocio disponibles se consideran aceptables en gran medida en base a si estimulan o no el consumo masivo de determinados bienes o servicios.

Igual suerte corre el individualismo, considerado improductivo, nefasto, insolidario e indeseable, siendo el sujeto estimulado a participar en actividades colectivas de todo tipo (sesiones religiosas, orgias sexuales, deportes o pasar tiempo con amigos y conocidos) mientras que se penalizan las conductas solitarias, exclusivistas o posesivas tales como las relaciones románticas, las relaciones de amistas especialmente fuertes, el matrimonio, la familia, el parto natural o la fidelidad sexual.

Para todos aquellos casos en los que puedan surgir atisbos de existencialismo, malestar, inconformismo o insatisfacción derivados quizás de dicha supresión del individualismo es práctica común, estandarizada y gratuita, dispensar universalmente pequeñas raciones de una droga alucinógena comúnmente conocida como “soma”. En dosis menores que todo el mundo se autoadministra convenientemente el “soma” reduce la ansiedad y destierra las preocupaciones, mientras que en cantidades algo mayores ayuda al individuo a participar en actividades colectivas en las que la entrega total al grupo es esencial (orgías o cultos).

Los nombres son otro elemento de refuerzo del sentido de comunidad. Los individuos reciben su nombre propio al ser concebidos en los laboratorios de una forma aleatoria, y el número de opciones y combinaciones disponibles es limitado, habiéndose conservado tan solo un número determinado de nombres y apellidos de aproximadamente 10.000 en cada caso. La toponimia también es diferente, completamente nueva y funcional, sin referencias a posibles significados históricos dado que, de hecho, la historia ha sido prácticamente erradicada al ser vista como un método potencial de construcción de identidades opuesto al principio regente de armonía comunitaria.

La concepción del sexo es, sin duda, uno de los aspectos más interesantes de Un Mundo Feliz. Erradicada la familia, prohibido el parto natural, y penalizadas las relaciones románticas o exclusivistas, se anima a los ciudadanos a practicar el sexo libre sin tabúes ni complejos, a discreción y con el mero propósito de obtener placer. La conducta aceptable y deseable es, de hecho, la promiscuidad y el hedonismo, y hasta se organizan actos colectivos en los que se ingieren generosas cantidades de soma y se practican orgías. En el caso de las mujeres con capacidad reproductiva (diferenciadas de las freemartins asexuadas citadas más arriba) se distribuyen generosa y obligatoriamente todo tipo de métodos anticonceptivos.

Por si todo esto no fuese poco, también es común la repetición de determinadas soflamas o mantras inicialmente aprendidos a través de la “hipnopedia”. Así, es común escuchar a los distintos personajes de la novela pronunciar frases como “todo el mundo es igual de importante”, “Ford ama a los niños”, “comunidad es estabilidad”, “todo el mundo pertenece a todo el mundo”, “terminar es mejor que remendar”, “la limpieza está cerca del fordismo”, “cuanto más remiendo menos riqueza”, “un gramo es mejor que un puñado (de soma)” o “cuando el individuo siente la sociedad se tambalea”.

Todos estos elementos hacen del “estado mundial” una sociedad eminentemente conservadora e inmovilista dentro de su aparente liberalismo, poco tolerante por ello con la crítica y la sedición. Aunque las diferencias raciales, sociales o de edad no poseen ninguna relevancia, y en principio hay libertad absoluta para tratar cualquier tema, las conductas que se desvían sensiblemente de la norma o del promedio, aunque lo hagan levemente, son inmediatamente censuradas por el común de los ciudadanos, quienes rara vez se plantean la veracidad o idoneidad de los arraigados valores a los que tan entregadamente obedecen.

Dado que el abotargado y previamente programado estado de felicidad de esta sociedad radica en gran medida en mantener indefinidamente el equilibrio alcanzado, al tiempo que la mayor parte de la población no experimenta nunca ningún tipo de problema con el orden establecido, aquellos que son desterrados son, a menudo, individuos “alfa” altamente inteligentes que se tornan en inconformistas por determinados motivos y que suelen aceptar de buen grado, de hecho casi como una oportunidad, un magnánimo destierro.

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(Cortesía de Fixtone Photo Flickr via Compfight cc)

Las cuitas de Bernard Marx y de John el Salvaje

La novela en sí se estructura en una especie de obra coral por la que van desfilando una serie de personajes de los que es difícil identificar un protagonista, y a través de cuyas andanzas vamos conociendo la peculiar sociedad propuesta por Huxley.

El conflicto inicial radica en un individuo llamado Bernard Marx, psicólogo en un centro de incubadoras de Londres, “alfa-más” (y por tanto uno de los exponentes más inteligentes de la sociedad) que sufre, sin embargo, de ciertos problemas de adaptación social derivados mayormente de una estatura menor de la establecida para un miembro de su casta y de una inteligencia que le permite escapar en cierto modo del condicionamiento social. Su amigo y confidente es Helmholtz Watson, profesor en el Colegio de Ingeniería Emocional, otro “alfa-más” con quien comparte el mismo sentimiento de desapego a pesar de tratarse en este caso de un individuo especialmente dotado tanto física como intelectualmente. Como fuere, Bernard acaba metiéndose en problemas y es amenazado con sufrir destierro en Islandia por parte de su jefe, un tal Thomas Tomakin. Ante tal situación, decide invitar a pasar unas vacaciones a una joven de su trabajo hacia la que se siente especialmente atraído, Lenina Crowne, una hermosa y atractiva joven “beta”, popular y promiscua, y adaptada sin especiales problemas a la sociedad que le rodea.

Bernard elige como destino de sus vacaciones una reserva salvaje del desierto de Nuevo México, en donde observa con interés los comportamientos de los nativos, lo que en gran medida repugna a Lenina. Los acontecimientos, no obstante, dan un giro inesperado cuando encuentra a una mujer llamada Linda, una ciudadana del “estado mundial” que quedó descolgada de un grupo de visita y se extravió en la reserva hace ya varias décadas. En medio de su descarrío otro de sus compañeros la dejó accidentalmente embarazada, y la vergüenza experimentada ante tal hecho la empujó a quedarse entre los “salvajes” y a tener y educar a su hijo a la manera tradicional, un joven inteligente y apuesto llamado John. Tanto ella como su progenie, no obstante, fueron incapaces de adaptarse convenientemente a la vida en la reserva, por lo que piden a Bernard que les ofrezca la posibilidad de volver a Londres. Bernard, por su parte, al descubrir que el padre de John no es ni más ni menos que su jefe, planea una jugada que podría evitarle el destierro y obtiene permiso para llevarles consigo a la civilización.

Los acontecimientos a su vuelta se suceden a gran velocidad: su jefe se ve obligado a dimitir dado el escándalo público ocasionado por la llegada de Linda y John. Éste último no tarda en convertirse en una celebridad, y la fama y el reconocimiento social que ésta lleva pareja salpican a Bernard de tal manera que, por un tiempo, le hacen pensar que quizás pueda adaptarse a su mundo después de todo. No obstante, John pronto desdeña una sociedad que considera vacía y pueril, se niega a asistir a actos sociales y comienza a meterse en una serie de líos que acaban implicando tanto a Bernard como a su amigo Helmholtz Watson, lo que ocasiona que los dos acaben siendo desterrados. Paralelamente a este drama, John y Lenina se sienten atraídos el uno por el otro, pero John, educado en los valores humanos tradicionales, e influenciado por el romanticismo de Shakespeare, no logra congeniar con la conducta de Lenina, lo que da lugar a una serie de tempestades emocionales que, eventualmente, le hacen retirarse a un lugar apartado e intentar llevar una vida de asceta. La persistente atención y curiosidad que origina en los demás, no obstante, y la extraña influencia que ha comenzado a ejercer en Lenina malogran su plan, terminando sus días de una forma trágica.

El mundo que podría ser algún día

No hay, en el libro, ninguna explicación especialmente elaborada o pormenorizada del proceso que la humanidad habría seguido a fin de acabar mutando en la sociedad anteriormente descrita, sino que Huxley se limita a ir desgranando aquí y allá ciertas informaciones y explicaciones más bien someras.

El año en el que se desarrolla la trama sería el 632 “después de Ford”, lo que vendría a equivaler al año 2540 de nuestra era. En el 2049 habría tenido lugar una horrenda guerra mundial originada en Europa que habría devastado el mundo entero debido al uso intensivo de armas biológicas y químicas, destruyendo ciudades y países y provocando un colapso económico global. A semejante desastre habría seguido una serie de movimientos políticos destinados a cambiar la manera de actuar de los seres humanos, siendo dichas corrientes las embrionarias de la sociedad descrita en la novela. Este empeño, sin embargo, habría hallado una gran resistencia social, lo que habría motivado la creación de un superestado a nivel mundial que aplicase dichas medidas de forma pacífica, el origen, en definitiva, de lo que acabó siendo el “estado mundial”.

Los cambios habrían ido aplicándose paulatinamente a lo largo del tiempo, contando con medidas tales como el cierre de museos y bibliotecas, la supresión de toda la obra literaria o intelectual anterior al año 2058, y la destrucción de todos los monumentos históricos y símbolos nacionales que hubiesen sobrevivido a la hecatombe del año 2049. Como fuere, para la época en la que se sitúa la novela se da a entender que el nuevo orden social está plenamente establecido en la mayor parte del globo.

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(Cortesía de David Allart Flickr via Compfight cc)

Un mundo realmente “feliz”, después de todo

No hay que dejarse engañar por la aparente harmonía reinante en Un Mundo Feliz. Aunque se trate de una versión amable, el sistema propuesto por Huxley es tan totalitario como el de Orwell, en tanto en cuanto controla también todos y cada uno de los aspectos de la vida del individuo. Sí, es cierto, Orwell se centró en la violencia y el terror, inevitablemente contagiado por el momento histórico que le tocó vivir, mientras que Huxley se dejó llevar por su imaginación y tomó una tangente distinta, más sutil y quizás bastante más irreal considerando lo que parecía más factible allá por los años 30.

El paso del tiempo, no obstante, parece otorgar cada vez de mayor solidez a la visión de Huxley, seguramente ya por encima de la de su contemporáneo y connacional, lo que supondría una muy buena razón para echar un vistazo a su obra. Si ello no fuese suficiente motivación, no obstante, quizás podría serlo el morbo, porque los métodos seguidos en el libro de Huxley son, de lejos, bastante más eficaces que los del Gran Hermano. Y más sugerentes también.

(Entrevista con Aldous Huxley, 1958)

(Read this article in English here)

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2 responses to “UN MUNDO FELIZ, SINIESTRAMENTE FELIZ (parte 2)

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