De qué se queja y de qué no la prensa española: el incidente Iglesias-Carvajal y otros ejemplos de doble rasero

Lo cierto es que, aunque llevemos hecha ya una lista bastante larga de ataques y faltas hacia la prensa, todas ellas tan serias como poco debatidas, aún hay más ejemplos que nos convendría no olvidar antes de echarle un nuevo vistazo al terrible ataque dialéctico que protagonizó el líder de Podemos contra el periodista de El Mundo el pasado mes de abril. Eso sí, esta vez con la perspectiva que nos otorga conocer el contexto en que vive inmersa la prensa española desde hace décadas, así como los antecedentes de otras muchas situaciones que, aunque similares, pasaron bastante más desapercibidas.

wtf?

 

(lee la tercera parte de este artículo aquí)

 

Algunos otros episodios divertidos

Dicho lo dicho no deberíamos olvidar, porque le concierne a esta cuestión, el famoso caso de los “titirietarras” (un mote, por cierto, pergeñado precisamente por algunos medios de comunicación de tinte conservador) en el que, debido a una obra de ficción con marionetas y de tono satírico, dos titiriteros acabaron ingresando en la cárcel acusados nada más y nada menos que de “enaltecimiento del terrorismo” y de “atacar derechos y libertades públicas”, siendo encerrados durante una semana alegándose “riesgo de fuga” y “peligro de reiteración delictiva” y quedando libres con cargos, retirada de pasaporte, comparecencias diarias en el juzgado y una querella interpuesta por la Asociación Dignidad y Justicia, querella que se extendió a los actores Alberto San Juan y Gloria Muñoz cuando representaron la misma obra meses después a modo de solidaridad. Un suceso tan delirante que hasta el títere mismo fue detenido (incautado) por la policía. ¿Cuál fue la reacción de los medios? Tímida. De hecho, algunos no dudaron incluso en linchar mediáticamente a los detenidos, como hicieran ABC o Libertad Digital.

Pero hay más. También está el caso del rapero español César Montaña Lehman, conocido por ser miembro del grupo Def con Dos y en espera de juicio por escribir tuits que supuestamente enaltecían el terrorismo. O el autor Aitor Cuervo Taboada, que sufrió una suerte parecida y fue condenado en marzo de 2016 a 18 meses de prisión. Cómo olvidar también el del exconcejal del ayuntamiento de Madrid Gullermo Zapata, quien hubo de dimitir a los dos días de su toma de posesión tras una campaña mediática de acoso sin parangón debido a unos tuits que publicara cuatro años antes haciéndose eco de diversos chistes populares de humor negro, unos tuits que ofendieron tanto a la Asociación Dignidad y Justicia que originó la apertura de un proceso judicial contra su persona que aún sigue activa. O la condena y multa de la portavoz del ayuntamiento de Madrid, Rita Maestre, por “delito contra los sentimientos religiosos” en un incidente en el que ésta enseñó los senos en la capilla de la Universidad Complutense de Madrid cinco años atrás, cuando aún era estudiante, y precisamente para protestar por la presencia de instalaciones religiosas en el seno de una institución educativa pública. Y, si se quieren ejemplos algo más antiguos, no olvidar la condena a prisión en 2010 de dos directivos de la Cadena Ser tras desvelar irregularidades en los trámites de afiliación de cien militantes del Partido Popular y revelar los nombres de varios de los implicados.

También hay ejemplos que tienen que ver con el humor, como la censura que sufrió una parodia del famoso cómico José Mota que éste grabara en 2010 y que TVE tuvo a bien reponer en 2015, eso sí, omitiendo un gag que dejaba en evidencia a Rajoy por sus muchas promesas electorales incumplidas. O las repetidas multas a la revista satírica El Jueves que llegaron al paroxismo con el secuestro, en 2007, de su número 1.575, ejemplar que salió a la venta con una polémica portada en la que aparecía una parodia de los príncipes de Asturias manteniendo relaciones sexuales.

Todos estos casos tan diversos perfilan, sin embargo, una misma deriva autoritaria y lesiva de la libertad de expresión en nuestro país de la que se han hecho eco incluso desde medios extranjeros como The New York Times y organizaciones como Amnistía Internacional. ¿Exageraciones? La situación está llegando a niveles tan aberrantes que hace bien poco supimos que una vecina de Madrid había sido multada tras habérsele aplicado la “ley mordaza” por llevar un bolso con las siglas A.C.A.B. que la policía aseguró significaban “All Cops Are Bastards” pero que en su bolso se veía perfectamente que querían decir, a modo de broma, “All Cats Are Beautiful”. Simplemente delirante.

(el censurado vídeo de Mota, en palabras de los responsables de TVE porque “ya no tenía sentido”)

 

El Mundo, su indignación y su ere

Sabiendo ya todo lo que sabemos sobre la prensa y la libertad de expresión en España volvamos ahora al caso de Iglesias contra El Mundo y analicemos el asunto con más perspectiva. Los hechos que provocaron la polémica ya han sido explicados anteriormente en este mismo artículo, pero a los hechos, por supuesto, le siguió la reacción furibunda de muchos medios españoles.

El primero, naturalmente, fue El Mundo, que encabezó el día 21 una noticia con el titular “Pablo Iglesias ataca a un periodista de EL MUNDO en una conferencia” para afirmar, a reglón seguido, cosas como que el político había “tratado de ridiculizar” y que “se había mofado” del periodista Álvaro Carvajal, que había “vilipendiado” el trabajo de los periodistas o que había utilizado un “tono amenazante” durante su intervención, para luego pasar a describir el incidente con pelos y señales y aportar incluso un recuadro monográfico con las declaraciones pormenorizadas que el diario tildaba de “las descalificaciones del líder de Podemos”.

Lo más interesante, a pesar de todo, llegó sucesivamente, a medida que más y más diarios se unían a la caza del podemita. Mismamente El País, diario que poco después quedaría enteramente a merced de las decisiones personales del señor Cebrián, aprovechaba para publicar un editorial muy en la misma línea titulado “Iglesias ataca a la prensa. El líder de Podemos debería saber que la libertad de información es un principio básico de toda democracia”. En él se afirmaban cosas como que sus ataques eran “propios de regímenes muy distintos a aquellos en los que se basan las sociedades avanzadas”, que acudió al acto “arropado por parte de su guardia pretoriana”, o que “Iglesias no entiende ni lo que es ni dónde está. Lo ha demostrado en algunas de sus intervenciones parlamentarias, que tienen algo de monólogo de El club de la comedia”. El artículo hablaba también de “el desdén con el que trata a la prensa” y terminaba con una joya digna de Eduardo Inda: “su modelo de medios de comunicación (de Iglesias), basado en periódicos, radios y televisiones bajo control público. Al estilo bolivariano”.

El diario digital La información también publicó unas cuantas noticias punzantes. Así, y haciéndose eco de un comentario del conocido politólogo Ramón Cotarelo, la redacción pensaba suficientemente justificado titular todo un artículo el día 22 como “Cotarelo, antiguo profesor de Iglesias, le califica de narcisista y tonto”. No solamente, ese mismo día aparecía otro titular que rezaba “Los países ‘ejemplo’ de Pablo Iglesias en prensa, a la cola en libertad”, encabezando un artículo en el que se analizaba la negativa situación del periodismo en una serie de países del mundo que, según el medio, eran “los modelos ideológicos” de Pablo Iglesias por ser países “de modelo socialista”, y que eran, a saber: Cuba, Venezuela, Argentina, Ecuador, Irán, China y Rusia. Por supuesto, si ya resultaría bastante arriesgado afirmar que Irán, Rusia o China son a día de hoy países socialistas, más aún lo es afirmar que Pablo Iglesias haya puesto jamás como ejemplo absolutamente de nada a estos tres países, o más aún, que haya usado como modelo de cómo gestionar la libertad de prensa en España a cualquiera de los países previamente citados. Por supuesto, en el artículo se afirmaban semejantes cosas sin aportar razón, cita o referencia alguna.

ABC aprovechaba también el día 22 para lanzar otro dardo a Iglesias al calor de la polémica, publicando un titular en el que se podía leer “Las otras polémicas y desplantes de Pablo Iglesias con los periodistas”, y en donde se aprovechaba para hacer un repaso a pasados episodios del líder de Podemos con los medios que el diario calificaba de “polémicas”, como por ejemplo cuando Iglesias llamó “pantuflo” al muy creíble y objetivo Eduardo Inda, o cuando planteó implementar un órgano en los medios públicos que asegurase la representación de los ciudadanos en los consejos de administración, o acusando directamente a la formación política de ser “expertos en comunicación” y seguir la taimada estrategia de “crear expectación” en sus intervenciones públicas como si eso fuese algo reprobable. Ciertamente, no había muchas más polémicas en aquella lista que echarles en cara.

El nuevo periódico del recientemente caído en desgracia Pedro J. Ramírez, El Español, tampoco se demoró y el día 22 publicó “La lista negra de periodistas de Pablo Iglesias que ahora quieren hacer pasar por falsa”, haciéndose eco de un tuit de 2013 en el que el por aquel entonces tertuliano Iglesias (Podemos aún ni siquiera existía) había pedido a sus seguidores en Twitter que “recopilaran declaraciones inaceptables” de una serie de periodistas antes de acudir a un debate televisivo a fin de recabar argumentos, así como de la polémica que estalló seguidamente en la red social entre éste último y la periodista Isabel San Sebastián, quien le pidió explicaciones tildando su estrategia de “chekista” (refiriéndose a las chekas soviéticas) o asegurando que aquel era “el método de Fidel Castro”.

(Isabel, por su parte, demostró un profundo respeto y una gran integridad profesional al burlarse abiertamente del comunicado público de ruptura entre Tania Sánchez y Pablo Iglesias. Sus métodos igual no eran propios de la cheka… pero sí de la prensa del corazón… o ni tan siquiera…)

Por supuesto, hubo otros medios que también se hicieron eco del incidente, y también, por supuesto, en El Mundo no cesaron de publicar contenidos abiertamente hostiles hacia Iglesias hasta que éste escenificó el fin del encontronazo con un abrazo con el periodista Álvaro Carvajal tan solo dos días después de aquella fatídica rueda de prensa. Aunque, decir que en El Mundo cesaron los ataques contra Podemos, es simplemente una manera de hablar.

Como fuere, en un ejercicio de justicia irónica, o quizás de karma, los lectores de aquel diario que, aparentemente, tan ofendido se había sentido por las palabras de Iglesias, se despertaron la mañana del día 27 de abril, tan solo seis días después de la polémica, con la noticia de que la redacción del susodicho medio había iniciado paros y contemplaba ir a la huelga en breve debido a un ere salvaje que pretendía despedir a 224 redactores y que no era sino el tercero que el medio había sufrido desde 2008, fecha desde la cual 800 trabajadores del diario habían perdido su trabajo.

Uno no podría por menos que preguntarse entonces: ¿de verdad eran las palabras de Iglesias el verdadero problema que afrontaban los periodistas de El Mundo? ¿De verdad era el líder de Podemos el que atacaba a la prensa o a los redactores del diario que, días después, perdieron su trabajo no precisamente por culpa de aquel contra el que habían cargado? ¿No resulta irónico que fueran precisamente aquellos mismos problemas estructurales y profundos que están realmente asfixiando a la profesión los que, mientras los redactores de El Mundo cargaban su frustración con el primer chivo expiatorio que encontraron, descargaron de nuevo otra de sus puñaladas sobre las desprevenidas espaldas de aquellos mismos periodistas? Los valientes y muy centrados reporteros de aquel diario lucharon a cara de perro contra su gran enemigo, las declaraciones puntuales y críticas de un candidato y, seguramente gracias a lo mucho para lo que aquello les sirvió, a la semana siguiente más de 200 de ellos perdieron su trabajo. A eso se le llama hipocresía, doble rasero, debilidad, probablemente también cobardía y, sobre todo, una torpeza tremenda, una gran insensatez. Nunca hay que olvidar quién es el verdadero enemigo.

(Habría sido también muy irónico si, después de un programa como éste, gran parte de los redactores de 13TV hubieran sido también despedidos)

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One response to “De qué se queja y de qué no la prensa española: el incidente Iglesias-Carvajal y otros ejemplos de doble rasero

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