La derecha que hizo ser de izquierdas al 15-M: y como no podía faltar, el Partido Popular

Por supuesto, además de la derecha mediática de toda índole, la derecha politizada también tuvo sus momentos de gloria hostigando sin clemencia al 15-M. Uno podría pensar que, como fuerza política, y más aún, como gobernantes y representantes de las instituciones que fueron precisamente al poco de aquellas mismas protestas, serían más comedidos y relajados en sus apreciaciones. Quizás su carga se hiciera esperar algo más, no se puede negar, pero cuando al fin hablaron no fueron precisamente ni conciliadores ni moderados, ni se quedaron detrás de lo anteriormente visto, teorías conspiranoicas incluidas. Quien así pensara es que no conoce bien al PP.

Plaza Cataluyna - 15M49

(11-M Plaza Catalunya)

(lee la segunda tercera de este artículo aquí)

 

PP, siglas de Partido Pendenciero

Antes que nada, señalar lo irónico que puede resultar a veces el karma, y también lo cruel que puede ser la hemeroteca. Sin ánimo de incurrir en un spoiler, y sin riesgo, pues cualquiera con un mínimo de conocimiento podrá intuir cuál fue la respuesta de los populares a aquel movimiento, podemos adelantar que, efectivamente, al Partido Popular no le gustó demasiado el 15-M. La ironía radica, no obstante, en las palabras que el popular González Pons pronunciaba apenas tres meses antes de las acampadas, en un discurso contra las políticas del PSOE (políticas que luego seguiría y acrecentaría el propio PP), y en las que establecía un paralelismo entre el pueblo español y el egipcio, (enfrascado entonces en las protestas de la plaza Plaza Tahir) afirmando cosas como “en España los ciudadanos también quieren un cambio y una democracia real y, cuando quieren, pueden”.

En fin, cuando por fin el pueblo hizo un movimiento las reacciones del PP no se hicieron esperar, y no precisamente para apoyarlo. Uno de los primeros fue Mayor Oreja, quien en seguida se unió a la teoría de la conspiración mediática para señalar que las movilizaciones eran una estrategia de los socialistas contra el PP “porque ya dan por perdidas las elecciones”, y añadir que “un bloque de extrema izquierda antisistema aprovecha para decir que esto no va a terminar el 22 de mayo, sino que va a continuar para hacer ingobernable el país en los territorial y en lo social”. Por su parte, Miguel ángel Rodríguez no perdió el tiempo para acudir a hablar a la caverna mediática y afirmar cosas como que “el PSOE, a través de este movimiento, lo que está haciendo es deslegitimar las urnas”, o “si el PSOE no deja, otra vez más, que sea jornada de reflexión, estamos ante un partido no democrático directamente.”

Durante los meses siguientes hubo más salidas de tono nada desdeñables. La alcaldesa popular de Elche, Mercedes Alonso, declaró en julio que algunos de los indignados de su localidad “pertenecen a una banda armada, ETA”. El mismo José María Aznar afirmaba en una entrevista a un diario ecuatoriano en octubre que el 15-M era “un movimiento marginal antisistema, vinculado a grupos de extrema izquierda” y añadía que “su representatividad no es importante en la vida española”.

En enero de 2013 se conocía que en el Plan Integral sobre el barrio de Lavapiés, elaborado por la Delegación del Gobierno, la Comunidad y el Ayuntamiento de Madrid, todas instituciones gobernadas por el PP, se afirmaba que el 15-M era “un tipo específico de delincuencia”. En mayo del mismo año Juan José Pérez Macián, edil del PP en Castellón, calificaba al 15-M de “híbridos de hiena y rata, falsos, parias y malnacidos”, además de cubrir a sus integrantes de improperios y afirmar su supuesta connivencia con el PSOE. Y en septiembre, el diputado y portavoz del PP en la Asamblea de Madrid, Íñigo Henríquez de Luna, hacía en medio de un debate un llamamiento a “luchar contra el 15-M” por considerarlo “enemigo del sistema”.

También en septiembre, la archiconocida Esperanza Aguirre aprovechaba un acto para describir muy gentilmente a los indignados, llamándolos “camorristas” y “pendencieros”, afirmando seguidamente que, tras eventos como los de Sol “se puede esconder un golpe de Estado”.

En diciembre de 2013 Cristina Cifuentes, entonces delegada del Gobierno de la Comunidad de Madrid, y alguien que ya se había cubierto de gloria al ordenar las contundentes respuestas policiales de la capital durante los primeros días de la protesta, afirmaba en una entrevista en Intereconomía TV cosas como que los manifestantes del 15-M “escupían a la policía y orinaban en sus botas”.

 

No solo las acampadas merecieron la ira de los peperos. Movimientos surgidos al calor de aquellas jornadas o implicados o impulsados por éstas también recibieron sus dardos, como ocurrió, por ejemplo, con la PAH, que a ojos del PP no se merecía haber recibido el Premio Ciudadano Europeo por parte del Parlamento Europeo en mayo de 2013. Ante aquella noticia el eurodiputado del Partido Popular Carlos Iturgaiz consideró la concesión “un verdadero escándalo” ya que la PAH era una “organización violenta”. Cristina Cifuentes primero, y Esperanza Aguirre después le fueron a la zaga, afirmando la primera que la plataforma de Ada Colau “apoya a grupos proetarras como Bildu y Sortu y a esos grupos que a mi modo de ver y el de muchos españoles tienen que ver con el entorno de ETA” por lo que tildaba sus acciones de “kale borroka”. Aguirre se despachó a gusto también, atacando en lo personal a Ada Colau, afirmando que en su plataforma estaban “borrachos de superioridad moral”, “calificando su activismo de “sesiones de acoso violento” y despotricando contra los mismos eurodiputados de los que afirmaba, entre otras cosas, que “nos toman a los españoles por el pito del sereno”.

Alguno pensaría que todo aquello fue un calentón que se les pasó con el tiempo, pero nada más lejos de la realidad. Hace bien poco, y con ocasión del quinto aniversario del movimiento, Jorge Fernández Díaz, ministro de Interior en funciones, volvía a las andadas afirmando cosas como que “”el 15-M no fue un movimiento improvisado; fue absolutamente pensado y planificado”, además de acusar a Podemos de ser los herederos de la iniciativa “Rodea el Congreso” a donde, dijo también, “se va con los votos de los ciudadanos y no con manifestaciones, ni intentando conquistarlo y asaltarlo”. Por su parte, Aguirre volvió a dedicarle hermosas palabras, afirmando que los actos de mayo de 2011 “supusieron la privatización del espacio público por unos señores”.

Como colofón valga otra ironía, que podríamos llamar la ironía final: muchos desde el PP pedían hace años a los ciudadanos y grupos protestatarios que se presentaran a las elecciones para conseguir sus objetivos. Tras un tiempo, y en un “zasca” cósmico monumental, observamos cómo a día de hoy un partido que recoge muchas de sus reivindicaciones ocupa ya el segundo puesto en intención de voto, y ello a pesar del vapuleo constante de la derecha política y mediática. Y es que hay que tener cuidado con lo que se dice.

 

No somos antiderechistas, la derecha es anti-nosotros

Llegados a este punto en el que resulta evidente el linchamiento premeditado en el que incurrió la derecha de toda índole con respecto a aquel fenómeno popular, cabría hacerse una pregunta tan lógica como legítima y necesaria. ¿Qué motivó este ataque tan virulento? Tratándose, como así fue, de la derecha o la extrema derecha, cabría pensar que se debía a que las protestas del 15-M eran manifestaciones esencialmente de izquierdas, pero, ¿es esto acaso tan claro y evidente? ¿No cabría preguntarse primero cuál era realmente la ideología política de la protesta?

Los mismos indignados, como ya hemos visto, definían aquel movimiento ciudadano como “apartidista”, y en las asambleas abucheaban y lanzaban consignas tanto contra el PP como contra el PSOE. Por supuesto, iluso será quien crea, a día de hoy, que el PSOE es de izquierdas, dirán algunos, pero lo cierto es que siempre se puso mucho empeño en cuidar que ningún partido o sindicato se adueñara de la protesta, incidiendo siempre en un espíritu independiente tan marcado que, incluso a día de hoy, no se tiene reparos en silbar a representantes del mismo Podemos y a canales de televisión como La Sexta si se considera que están invadiendo el espacio simbólico de los indignados.

Plaza Cataluyna - 15M74

(11-M Plaza Catalunya)

Como fuere, todo esto no resuelve la cuestión. ¿Era el 15-M de izquierdas pues, era de derechas, o no era de nada? Quizás no haga falta en absoluto etiquetar un fenómeno tan trasversal como fue el de los indignados, pues en su libertad, su heterogeneidad y su espontaneidad radicó siempre su fuerza. No obstante, sus diversos y variados participantes muy probablemente tendrán sus propias ideas al respecto, y son sus participantes quienes, como protagonistas, más autoridad tienen para definirlo en última instancia, sobre todo porque, al no ser un movimiento organizado, ni poseer estatutos o líderes, no hay declaración de principios o documento constituyente alguno al que aferrarse: así, ciertamente, quien milite o haya militado en la izquierda no tendrá duda alguna en simpatizar con un fenómeno en el que es fácil reconocer elementos claramente libertarios. Quien, por otro lado, use la entelequia del centro para definir su postura política, quizás tenga serias dudas a la hora de etiquetar la naturaleza política de aquellas jornadas de mayo.

Ahora bien, si alguien identificó clara y explícitamente al 15-M en un lado concreto del espectro político, como hemos podido ver en este artículo, no fue la izquierda, y mucho menos ese PSOE controlado por Rubalcaba que intentaba supuestamente capitalizar o apropiarse del movimiento, como se dijo errónea y fantásticamente desde la caverna mediática en innumerables ocasiones. Paradójicamente, quien etiquetó y posicionó al movimiento en un lugar determinado fue la derecha, pues fue ésta la que, con gran prontitud y asertividad, dejó bien claro que todo aquello era funesto, sospechoso, violento, ilegal e ilegitimo, y que ellos, la derecha, no tenían absolutamente nada que ver con ello.

Es decir, que si al principio el 15-M no era ni de izquierdas ni de derechas, muy pronto la derecha, con sus ataques y su rechazo, lo hizo de izquierdas. Desde entonces, cada bando ha tenido que aguantar su vela, y así les ha ido, a unos y a otros.

 

Para terminar, un último vídeo de gente que, gracias a dios, se tomó toda aquella hostilidad con humor.

Advertisements

One response to “La derecha que hizo ser de izquierdas al 15-M: y como no podía faltar, el Partido Popular

  1. Pingback: La derecha que hizo ser de izquierdas al 15-M: El mantra cavernario | marcosmarconius·

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s