La derecha que hizo ser de izquierdas al 15-M: cinco años desde las acampadas

A la derecha española nunca le gustó el 15-M. Era evidente. Desde los mismos inicios de aquel movimiento popular que, aún a día de hoy, sigue influyendo decisivamente en la actualidad social y política de nuestro país, los sectores más conservadores de la nación no dudaron ni un momento en dedicar todo tipo de epítetos malsonantes a los indignados, tildándolos sistemáticamente de violentos, sectarios, radicales, antisistema, acusándolos de intentar boicotear las elecciones, de arruinar a los empresarios de la zona, de apropiarse de espacios públicos, de ser meras marionetas del PSOE o, incluso, y en el paroxismo carente de originalidad de su propia paranoia recurrente, de pertenecer a ETA.

A cinco años de su aparición, y para hacer algo de justicia a los indignados, cabría recordar a quienes así de furiosamente se opusieron a un movimiento ciudadano que, nadie lo duda ya, ha cambiado radicalmente el devenir de nuestro país. Por sus furibundos ataques los conoceréis, pues con ellos se retrataron para la posteridad, como también retrataron, en cierto modo, a aquellos a los que denigraban. Demos un vistazo, de nuevo, a la caverna conservadora. Observemos una vez más a la más pura reacción en acción.

Plaza Cataluyna, 15-M19

(15-M, Plaza Catalunya)

 

Vamos despacio porque vamos lejos

A cada año que pasa está más y más extendido el consenso sobre la capital importancia del movimiento conocido universalmente como 15-M. De hecho, hace pocos días, y coincidiendo con su quinto aniversario, la reflexión hecha por casi todos los medios de comunicación del país, independientemente esta vez de su distinta sensibilidad política, coincidía en señalar que, en muchos y muy variados aspectos, los indignados han impulsado y siguen impulsando un profundo cambio en el panorama político y social español.

Plaza Cataluyna, 15-M51

(15-M, Plaza Catalunya)

Evidencias no faltan, desde luego: desde su aparición se ha quebrado el régimen bipartidista que dominaba las cámaras desde la transición, surgiendo partidos como Podemos que, a día de hoy, le están disputando la hegemonía a PP y a PSOE, algo impensable apenas tres años antes; muchos de los temas que los indignados denunciaron en sus consignas, como la corrupción o la falta de representatividad e inoperancia de los principales partidos políticos y de las instituciones, han ocupado los primeros puestos en las encuestas del CIS sobre qué cuestiones preocupan más a los españoles; la sociedad se ha modernizado, rejuvenecido y politizado, apareciendo nuevas reivindicaciones y valores de marcado carácter progresista que ya se corearon en su día en la Plaza del Sol o en Plaza Catalunya; por primera vez en décadas se han puesto en cuestión elementos nucleares y fundamentales del modelo de país en que vivimos, tanto en el ámbito social y político como en el económico, surgiendo discursos, relatos y propuestas alternativas a la visión neoliberal hasta entonces hegemónica; ha crecido enormemente el activismo, con asociaciones como la PAH, las mareas, los Iaioflautas, el Frente Cívico, Stop Desahucios, o la Solfónica entre otros, y ha aumentado el interés por los asuntos públicos, especialmente entre los más jóvenes; un rey hasta entonces intocable fue ampliamente cuestionado y abdicó, aunque otro rey le sucedió inmediatamente después; y lo ocurrido en España, los “Spanish indignados”, sirvió de inspiración a movimientos hermanos nacidos con posterioridad en el extranjero, como Ocuppy Wall Street en USA, YoSoy132 en México, la protestas en Brasil, Turquía o Hong Kong o, más recientemente, la Nuit Debous francesa.

(Ocuppy tuvo que sufrir su propia burla y denigración en casa, de la mano de la serie de televisión The Newsroom)

 

Qué era y qué no era el 15-M

Desacreditada ya completamente la visión conspiranoica y casi vesánica de la derecha con la serenidad y perspectiva que ofrece el paso del tiempo, puede hablarse a día de hoy con bastante claridad y seguridad sobre qué fue y, sobre todo, qué no fue, a grandes rasgos, el 15-M. Aunque, ciertamente, siga sin ser fácil.

Y es que la dificultad a la hora de precisarlo radica en el que es quizás su rasgo más llamativo, esto es, su espontaneidad, lo que le convierte precisamente en un fenómeno difícilmente definible. Al no haber sido nunca un movimiento al uso, específicamente diseñado o planeado, con unos objetivos, estructuras, metas, ideología o participantes previamente establecidos, el 15-M no se presta fácilmente a definiciones o etiquetas. Aunque al menos sí está claro lo que nunca fue: una iniciativa planeada, orquestada o manipulada por determinados poderes o partidos actuando en la sombra. Aquello no fue jamás una jugada maestra de nadie, como se quiso insinuar repetidamente desde la derecha más rancia, sino un alud inesperado, una bola de nieve que fue arrastrando un hondo pero mudo, un latente pero sordo malestar social que se venía larvando desde hacía años con respecto a todo tipo de cuestiones y que las negativas consecuencias de la crisis económica de 2008 ayudaron a fomentar y a soliviantar.

Plaza Cataluyna, 15-M47

(15-M, Plaza Catalunya)

Otra de sus características fundamentales es la de su carácter popular, abierto, aglutinador y plural. Las manifestaciones convocadas inicialmente por Democracia Real Ya para el 15 de mayo de 2011, germen de todo lo que sobrevino después, iban dirigidas a todo el mundo, si acaso especialmente a los jóvenes forzados a vivir en condiciones cada vez más precarias, pero por extensión aludían a todo aquel que se sintiera indignado con la penosa situación en que se encontraba el país. Y, al igual que en las acampadas que empezaron a surgir posteriormente y de forma espontánea en decenas de ciudades españolas, o al igual que aquel libro de Stéphane Hessel del que finalmente copiaron el nombre sus participantes, se hacía un llamamiento a la ciudadanía en general, al pueblo, sin importar credos o ideologías y sin aludir al gobierno, a los sindicatos o a los partidos. De hecho, se hacía constantemente referencia a elementos que eran propiedad y patrimonio de todos los ciudadanos, como la constitución del 78, los derechos humanos, el estado social, la democracia, la justicia o la igualdad. No fueron, desde luego, movimientos sectarios formados por conspiradores, extremistas de izquierdas minoritarios o grupos peligrosos de antisistema o de proetarras.

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(15-M, Plaza Catalunya)

Otro de sus rasgos es el de su espíritu reivindicativo y activista, casi revolucionario en su alcance pero siempre pacífico, radical en el sentido en que tocaba la raíz de los problemas, pero cívico en todo momento en su forma de conducirse. En las plazas se animaba siempre a la ciudadanía a actuar, a militar, a despertarse, a concienciarse, a preocuparse, a debatir, a desarrollar un espíritu crítico, a no depender o a no confiar en mediadores, representantes, mecanismos, instituciones o clases dominantes que se consideraban adulteradas y corrompidas, y a no escuchar en lo sucesivo a medios de comunicación manipulados y manipuladores. Se animaba al debate, al respeto por la palabra del otro, a la solidaridad, a la discusión, incluso a formas de insurrección ciudadana para según qué casos, pero siempre condenando la violencia en cualquiera de sus formas. Se trataba de empoderar a la ciudadanía, a toda, con serenidad y en profundidad, no de quemar coches y contenedores, lanzar cócteles molotov y armar algaradas callejeras o kale borroka.

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(15-M, Plaza Catalunya)

Precisamente, y gracias a este carácter de desconfianza y desilusión hacia unos canales tradicionales que se consideraban obsoletos y malogrados, se explica también otro de sus rasgos, eso es, el de la rabiosa independencia y el carácter contestatario de aquel movimiento. Los indignados disparaban verbalmente en plazas y redes sociales contra todo y contra todos, y nunca se casaron con nadie. En sus pancartas se leían ataques contra banqueros, el IBEX-35 o políticos de todo signo, como atestiguan frases tan conocidas como la ya mítica “PSOE y PP, misma mierda es”, o el uso irónico de las siglas inventadas exprofeso “PPSOE”. Desde luego, estaban a años luz de ser un grupo de agentes provocadores dirigidos por Rubalcaba, como alguno llegó a afirmar en su día, y han seguido siendo tan independientes que ni permiten siquiera hoy que movimientos afines como Podemos intenten o parezcan intentar adueñarse de su simbología, pitando y chiflando en directo a uno de sus máximos representantes si lo creen necesario.

Plaza Cataluyna, 15-M29

(15-M, Plaza Catalunya)

Como colofón, podríamos concluir con el rasgo que, eventualmente, condujo de forma inevitable a lo que algunos han querido considerar como extinción o agotamiento del propio 15-M, y que otros entienden más bien como un apaciguamiento o, más aún, una transformación: el de su heterodoxia y su transversalidad. Desestructurado, novedoso, anárquico, heterogéneo, carente de líderes, de apoyos concretos, de método o de financiación, los actos públicos del 15-M, su rasgo quizás más entrañable, acabaron desinflándose al cabo de unos pocos meses, las acampadas levantándose, la contestación abandonando el foco mediático y los debates desplazándose al activismo y a las asambleas de barrio. Ciertamente, nada concreto quedó inmediatamente después de aquellas jornadas, y el país continuó aparentemente como si nada. Por un tiempo, al menos.

Plaza Cataluyna - defensa Champions12

(15-M, Plaza Catalunya)

 

El legado de los indignados

Y es que hoy sabemos que el 15-M ha tenido consecuencias reales y prácticas, pero aquellos días, justo cuando los últimos indignados abandonaban las plazas, nadie sacaba nada en claro. Muy pronto surgió el debate sobre qué había que hacer a continuación y para qué había servido todo aquello. Muchos creyeron que todo había sido inútil. Miraban a su alrededor y veían que no había habido un cambio de gobierno, que no habían surgido nuevas leyes ni reformas, y que las elecciones municipales y generales de 2011 no parecían reflejar cambio social alguno. La paciente y constante acción del activismo tardó tiempo en lograr metas significativas, y ni siquiera había surgido un nuevo partido o fuerza política tras toda aquella protesta y buenas intenciones. Quizás si Podemos, partido heredero del 15-M (que no su único heredero) hubiera sido fundado al poco de que se desconvocaran las acampadas, sus efectos podrían haber resultado más evidentes pero, por suerte o por desgracia, no fue así.

Plaza Cataluyna - 15M1

(15-M, Plaza Catalunya)

No obstante, la fuerza, la trascendencia, la importancia y el legado del 15-M no hay que buscarlo en su praxis, sino en su simbología. No hay que buscar consecuencias inmediatas y concretas, sino efectos a largo plazo, profundos y subyacentes. No se trata de cambios políticos específicos, sino de cambios intelectuales muy generales, de transformaciones en el discurso, en las ideas, en la concepción de las cosas, en la forma de pensar y en los conceptos, elementos todos ellos que, ya más adelante, propiciaron el comienzo de esa otra clase de cambios más palpables. Y es que, aunque algunos indignados reclamaban que el 15-M era un movimiento “apolítico” en tanto que renegaba de la clase política convencional, en realidad faltaron al significado estricto de las palabras, pues lo que realmente quisieron decir es que se trataba de un movimiento “apartidista”. Es más, en cuanto a política se refiere, el 15-M fue fundamental, inequívoca y profundamente político, esencialmente político de hecho, puesto que no cambió inmediatamente la ley o las instituciones, cierto, pero sí politizó a una buena parte de una sociedad durante largo tiempo despolitizada, apática, desentendida y aletargada, tan inocua en resumen que tras una sacudida como fue la de la crisis de 2008, sin mecanismos para defenderse desde hacía decenios, había quedado paralizada, desesperanzada y estupefacta.

Por eso, el 15-M sigue siendo un tema tan relevante hoy en día, porque sus cambios fueron profundos, muy profundos, incluso insondables, tan insondables de hecho que su herencia, lejos de haberse secado o materializado por completo, aún dará, con el devenir de los años, muchos y muy sorprendentes frutos. Y, si no, tiempo al tiempo.

Plaza Cataluyna - 15M54

(15-M, Plaza Catalunya)

(lee la segunda parte de este artículo aquí)

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