La doble vara de medir con la que sacude la derecha en España: Las palabras que sí se lleva el viento

Cuando los deslices o las palabras cuanto menos criticables las pronuncia la derecha el caso es generalmente muy distinto a las polémicas protagonizadas por la izquierda. Es casi como si las palabras se las llevara el viento, o la marea en la playa.

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(lee la quinta parte de este artículo aquí)

 

Ejemplos de esto no faltan: Ahí tenemos al concejal del PP en el Ayuntamiento de Madrid, Borja Fanjullas, comentado recientemente ante el partido de Carmena, Ahora Madrid, que él “prefería tener un compañero que robe que otro que ponga bombas”.

También tenemos las marrulleras palabras de que hicieron gala varios parlamentarios del PP en la Asamblea de Madrid usando expresiones tales como “dínoslo en la calle si tienes cojones” o “miserable” contra representantes de Podemos tras haber sido preguntados primeramente por éstos por diversos casos de corrupción.

O las recientes declaraciones realizadas a principios de este año por el conspicuo Jiménez Losantos en las que hablaba explícitamente de “disparar” contra diversos líderes de Podemos.

O la campaña de terror emprendida por diversos cargos del PP quienes, usando sus puestos institucionales, han venido sembrando el pánico durante semanas hacia la idea de un posible gobierno PSOE-Podemos, campaña que denunciaron incluso desde Ciudadanos, y en la que se lució especialmente el todavía ministro de Interior, Fernández Díaz, al afirmar cosas como que “ETA está esperando como agua de mayo un gobierno del PSOE con Podemos”.

O las increíbles declaraciones de ese mismo personaje, declaraciones cuanto menos impensables teniendo en cuenta que se trata del ministro de Interior, cuando ponía en tela de juicio la labor del poder judicial y de las fuerzas de seguridad del estado al insinuar que “no es casualidad” que los casos de corrupción recientemente desvelados afecten principalmente al PP.

O las palabras del portavoz parlamentario del mismo partido, Rafael Hernando, cuando afirmaba en junio de 2015, refiriéndose a la ley de la Memoria Histórica y a las víctimas del franquismo, que “algunos solo se acuerdan de su padre enterrado cuando hay subvenciones”.

O esas otras palabras, muy en línea con las del ejemplo anterior, pronunciadas esta vez por el diputado popular José Joaquín Peñarrubia quien, en octubre de 2015, se quejaba airadamente en el senado, tras ser preguntado sobre las enmiendas presentadas por el PSOE para recuperar las ayudas para las exhumaciones y las asociaciones de memoria histórica, de que los socialistas eran “cansinos” porque “ya no hay más fosas que descubrir, salvo que se empeñen en buscar a Federico García Lorca en los cuatro puntos cardinales de España, ahora mismo no hay más sitios donde ir”.

(Peñarrubia parece que no se había enterado del país en el que vive)

 

Pero hay más: ahí tenemos a la abogada del estado en el caso Nóos, Dolores Ripoll, defendiendo a principios de 2016 que el concepto “hacienda somos todos” era tan solo “un slogan” mientras intentaba exculpar a la imputada infanta Cristina de Borbón.

O la tan sorprendente como vergonzosa defensa que del comportamiento de Esperanza Aguirre hizo en diversos medios el director de La Razón, Francisco Marhuenda, después de que ésta se diese a la fuga tras ser multada en la vía pública por agentes de movilidad. Por cierto, que no fue el único.

(Marhuenda llega incluso a afirmar en defensa de Aguirre que, si él mismo fuese parado por la policía municipal, tampoco frenaría)

¿Y por qué no acudir a auténticas joyas de la hemeroteca que de tan vergonzantes habrían ocasionado serias disculpas y hasta dimisiones en otros países? ¿Se acuerda alguien en los medios de la notoria indemnización en diferido de Dolores de Cospedal? ¿De Mayor Oreja definiendo al franquismo como un período de tiempo de “extraordinaria placidez”? ¿De la comparecencia en un plasma de Mariano Rajoy, un estilo que, al parecer, pareció gustarle mucho, ya que volvió a repetirlo más adelante? Y por seguir con el mismo Rajoy, ¿se acuerda alguien de aquel “la segunda ya tal” que usó para ignorar descaradamente una pregunta sobre Bárcenas que se le hizo en plena rueda de prensa? ¿Se le recuerda suficientemente que en marzo de 2013 enviaba mensajes del estilo “Luis se fuerte” a Luís Bárcenas cuando éste ya había sido imputado? ¿Se le recuerda todas esas veces que ha hecho el ridículo en público, como en su surrealista entrevista con el periodista Carlos Alsina en Onda Cero, o en sus encuentros internacionales cada vez que media el inglés, o en su discurso sobre “los chuches”, o cuando negaba el cambio climático basándose en la opinión de su primo, o cuando era incapaz de entender su propia letra? ¿Se le echa en cara su cobardía al no acudir al debate electoral a cuatro del 7 de diciembre de 2015?

(Ups, ¿y la Europea?)

Todas estas palabras, así como otras muchas que no aparecen aquí, provocaron quizás cierto revuelo en su momento, no puede negarse, pero afortunadamente para la derecha acabaron desapareciendo del debate público como lágrimas en la lluvia. No solo estas, similar fin han tenido otros muchos asuntos que ya hemos tratado aquí, como las mentiras sobre la guerra de Iraq, las mentiras sobre el Prestige, las mentiras sobre el 11-M, las mentiras sobre un grupo de inmigrantes muertos en Ceuta, las mentiras sobre un accidente de tren que acabó con la vida de 43 personas, las mentiras en que se convirtió todo un programa electoral… un sinnúmero de asuntos a los que hay que añadir multitud de actuaciones bochornosas que se han ido ignorando, silenciando y apartando muy convenientemente de la opinión pública.

Eso sí, a los dirigentes de Podemos, mientras tanto, les siguen y les seguirán preguntando machaconamente por su supuesto apoyo a ETA probablemente hasta el infinito. O mejor, ad nauseam.

(Inda erre que erre con ETA)

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