La doble vara de medir con la que sacude la derecha en España: los cargos de la izquierda dimiten, pero los de la derecha no tanto

Veamos ahora, por contraste, algunos ejemplos vergonzantes en los que era la derecha la que se situó en la picota y que no tuvieron, sin embargo, tantas repercusiones políticas como las que sí sufrió la izquierda en similares o incluso no tan graves situaciones. Empezemos por Madrid, mismamente.

Forges - Concejala de Madrid

(Al genial Forges no se le ha escapado la asimetría con que unos y otros son juzgados)

(lee la primera parte de este articulo aquí)

 

Mientras tanto, en el Madrid del PP…

Madrid, madrugada del 1 de noviembre de 2012. Pabellón Madrid Arena, propiedad del Ayuntamiento de Madrid. Ana Botella, antaño primera dama, es ahora alcaldesa (no electa) por el PP. Se celebra Halloween. Hay un botellón a las afueras del recinto y un concierto programado en su interior en el que tocará un famoso DJ, todo ello a pesar de que un acta policial de 2006 denunciaba ya que el lugar carecía de licencia de funcionamiento al no cumplir los requisitos de evacuación y emergencia.

Aunque la empresa organizadora del evento, Diviertt, adquiere una licencia para 5.000 personas, y el aforo del recinto es de 10.000, se deja entrar a más de 16.000 jóvenes. Ni el Ayuntamiento ni Diviertt avisan al Samur ni a los bomberos de que se va a celebrar un evento de tales características. El equipo médico de la fiesta está dirigido por el padre de un funcionario del Ayuntamiento y ex-concejal del PP que no podía ejercer como facultativo desde hacía siete años. El consistorio destina tan solo a doce agentes para vigilar el acto. A las 3 de la mañana hay una avalancha humana y cinco jóvenes de 18 años mueren aplastadas. El presidente de la Comunidad Autónoma de Madrid, Ignacio González, pide explicaciones a la alcaldesa, a lo que ésta responde que ignora lo que está sucediendo. Al día siguiente Botella, a pesar de todo, no cancela sus vacaciones y pasa el puente de Todos los Santos en un spa de lujo en Lisboa. Comienzan a investigarse los hechos.

Aunque el principal acusado era Miguel Ángel Flores, empresario de eventos y dueño de la empresa Diviertt, el 13 de noviembre dimite Pedro Calvo, tercer teniente de alcalde y delegado de Economía, Empleo y Participación Ciudadana, y ello pese a no estar imputado en la investigación. No obstante, hubo que esperar varios meses, en concreto dos, hasta que el 9 de enero de 2013 dimitiese Miguel Ángel Villanueva, vicealcalde de Madrid, y el 4 de febrero (tres meses después de las muertes) lo hiciese Antonio de Guindos, delegado de Medio Ambiente y Movilidad del Ayuntamiento de Madrid, dimisiones que no se debieron, además, a la tragedia en sí, sino a las múltiples irregularidades existentes entre la empresa promotora de la fiesta y el Ayuntamiento que la investigación sacó a la luz. Ana Botella, no obstante, siguió siendo alcaldesa hasta las elecciones municipales de la primavera de 2015.

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(Ana Botella poniéndose guapa)

Sin salir de la capital podríamos encontrar otros ejemplos de casos vergonzantes acaecidos durante el gobierno de la mujer del ex-presidente José María Aznar o de la condesa del PP Esperanza Aguirre y que, a pesar de ser probablemente también mucho más trascendentes que una mera obra de marionetas o un tuit desafortunados, no provocaron ninguna dimisión. Por ejemplo, podríamos hablar de las tres huelgas realizadas por parte de los operarios de limpieza que llenaron la ciudad de basura entre noviembre de 2013 y mayo de 2015, y ante las cuales la alcaldesa tuvo la genial iniciativa de lavarse inicialmente las manos, alegando que “los servicios están externalizados y es asunto de los trabajadores y los sindicatos”, para luego tener que recular y acabar negociando y, eventualmente, cediendo.

También quedará para el recuerdo, por poner otro ejemplo, la penosa gestión de las tres candidaturas de Madrid a los juegos olímpicos, que durante ocho años consecutivos se llevaron por delante 8.000 millones de euros de las arcas de la ciudad más endeudada de España en medio de la más grave crisis económica que ha afrontado el país en décadas, y todo para acabar en un reiterativo fracaso.

O podría hablarse así mismo de la pésima gestión de Telemadrid, televisión autonómica que, bajo el gobierno de Aguirre, fue tan mal dirigida que acumuló la mayor deuda de su historia, despidió al 80% de su plantilla, se desplomó en los índices de audiencia, pasó de ser un canal de referencia a un ejemplo de manipulación al servicio del PP denunciado a menudo incluso por su propia plantilla, y despilfarró millones de euros duplicando el número de directivos y realizando un enorme e injustificado dispendio en mantener en nómina a personajes tales como Sánchez Dragó, Sáenz de Buruaga, Cristina Tárrega o Hermann Tertsch, este último un prócer del periodismo que, además de haber grabado la crónica de la huelga del 14 de noviembre de 2012 un día antes de que tuviese lugar, aprovechó también para cargar a la cadena el coste en que él, y solo él, incurrió por haber perdido una demanda judicial.

Y por parar en algún sitio, y a modo de broche divertido, porqué no recordar también la surrealista y a todas luces irresponsable fuga que la misma Esperanza Aguirre protagonizó en abril de 2014 cuando agentes de movilidad se disponían a multarla por haber estacionado su coche indebidamente en la vía pública.

(Joaquín Reyes parodia a Hermann Tertsch en El Intermedio)

 

Las enormes pelotas (de goma) del ministro del Interior y del director de la Guardia Civil

Si miramos fuera de Madrid aún hay muchos más ejemplos: Madrugada del 6 de febrero de 2014. Frontera entre Marruecos y Ceuta. Un grupo de entre 200 y 400 inmigrantes intenta cruzar la frontera. Tras varios intentos infructuosos 150 de ellos nadan intentando bordear el espigón que separa ambos países. La Guardia Civil, en alerta, los espera en la otra orilla. Desde ese momento los hechos son confusos, hasta el punto de que aún hoy siguen sin haber sido esclarecidos totalmente. La benemérita, finalmente, logra abortar la intrusión, pero en el proceso 15 de los inmigrantes mueren ahogados.

Desde entonces se suceden una serie de comunicados contradictorios: El delegado del Gobierno en Ceuta, del PP, informa primero del trágico desenlace asegurando que la Guardia Civil no ha intervenido. El mismo día rectifica y reconoce que sí, que se usó material antidisturbios, pero solo desde tierra y porque los inmigrantes actuaron con extremada violencia. El Ministerio de Interior hace circular un vídeo previamente editado en el que se ve a un grupo de subsaharianos intentando cruzar y, más adelante, lanzar piedras a los agentes. El director de la Guardia Civil, Arsenio Fernández de Mesa, respalda la versión y subraya que los inmigrantes nunca pisaron suelo español y que la Guardia Civil en ningún caso disparó contra ellos mientras estaban en el agua. Al día siguiente, la cadena de televisión La Sexta difunde un vídeo en el que se puede apreciar no solo como un grupo de guardias civiles disparan contra nueve inmigrantes que cruzan nadando, sino que, una vez en la orilla española, los detienen y los devuelven directamente a Marruecos, lo que supone, de hecho, una práctica ilegal. Fernández de Mesa, no obstante, insiste en su versión, califica la mera posibilidad de haber usado pelotas de goma contra los intrusos de “inhumano”, acusa a los medios de “manipulación” y hasta visita Ceuta un día después para apoyar la actuación de la Benemérita.

El 13 de febrero, una semana después de los sucesos, el ministro de Interior, Jorge Fernández Díaz, comparece ante el congreso y reconoce no solo que sí se usaron pelotas de goma, sino también botes de humo y cartuchos de fogueo contra los inmigrantes que nadaban en dirección a España. También reconoce que 23 de ellos lograron cruzar, aunque defendió que no se les expulsó ilegalmente, sino que se les “rechazó”. Por lo demás, el ministro no reconoce ningún error, y defiende en todo momento la actuación de los agentes. Días después, el secretario de estado de Seguridad, Francisco Martínez Vázquez, en una entrevista en la emisora de radio Cope, reconoce que sí se usaron pelotas, pero asegura que “no hubo relación de causa-efecto entre las muertes y el uso de aquella medida disuasoria” porque, dijo, se hizo “con la intención de trazar el límite de la frontera sobre la superficie del agua”. Posteriormente, el gobierno del PP tomó dos medidas: ampliar la valla del espigón para que se adentre más en el mar, y pedir al Gobierno marroquí un sistema que permita las devoluciones inmediatas. La Comisión Europea envió una carta en la que exigía explicaciones a España por la tragedia. Más adelante, el Ministerio prohibió usar, en lo sucesivo, medios tan expeditivos. Absolutamente nadie dimitió ni por las muertes, ni por las expulsiones ilegales, ni por el sinnúmero de informaciones contradictorias que durante una semana se le dio a la opinión pública desde diversos cargos públicos.

(El Intermedio, Fernández de Mesa)

(lee la tercera parte de este artículo aquí)

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2 responses to “La doble vara de medir con la que sacude la derecha en España: los cargos de la izquierda dimiten, pero los de la derecha no tanto

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