La edad de oro del zombi ibérico

Al principio casi nadie les prestó atención, quizás porque llegaron de uno en uno, sin hacer demasiado ruido, pero cuando por fin sonaron las alarmas ya era tarde. Ahora los muertos vivientes están por todas partes, sobre todo en las librerías, aunque aquí, al contrario de lo que sucede en los relatos que suelen protagonizar, son ellos los que acaban siendo devorados por los humanos, concretamente por los aficionados a un género que vive en todo el mundo una auténtica edad de oro.

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Una nueva hornada de jóvenes escritores españoles llenó las librerías con libros de zombies aprovechando el éxito que aquel subgénero de terror vivió allá por el año 2010.

Es una verdad innegable que durante un tiempo el público “se zampaba” todo lo que tuviese que ver con los zombis, ya se tratase de libros, películas, cómics, series de televisión o videojuegos, y también que España, como tantos otros países, no permaneció ajena a este fenómeno.

Aquí, sin embargo, el reciente apogeo de los no muertos se manifiestó particularmente en la literatura, y no solo porque en apenas dos años apareciesen decenas de títulos protagonizados por zombis, sino porque la mayor parte de éstos (llegaron a acumularse hasta 55 títulos) pertenecían a una nueva generación de jóvenes escritores patrios que, en su mayoría, se ampararon en el reciente auge de este subgénero de terror para publicar sus primeras obras.

Con estos nuevos talentos surgidos a la vera del zombi surgió también, por primera vez, una genuina literatura española sobre los no muertos, que en apenas dos años publicó más sobre el tema de lo que nunca antes se había escrito en la historia, y que le dió además un fuerte empujón a la novela de terror nacional, hasta entonces de capa caída.

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El zombi autóctono

Pero si por algo se caracteriza este recién nacido zombi ibérico es, sobre todo, por ambientar sus historias en la península, en las ciudades en las que residen sus autores, y por ahondar en la gran diversidad que desde siempre ha caracterizado a este subgénero de terror, en donde el único elemento común y fundamental a todo relato es la presencia de los no muertos. Así, se asiste por primera vez a invasiones de zombis en lugares tan familiares como Barcelona, Andalucía, Málaga o Madrid, al tiempo que se tocan todos los géneros, argumentos, tonos y situaciones imaginables.

De este modo se puede encontrar comedia, como Alberto Bermúdez Ortiz y su Zoombi, El Apocalipsis Zombi con Denominación de Origen, un hilarante diario escrito por un grupo de resistentes que combaten a los no muertos en un pequeño pueblo español. Y de la comedia se pasa sin reparos a la tragedia, como en Naturaleza Muerta, de Victor Conde, en donde se narra la dura lucha por la supervivencia en un mundo devastado por los no muertos, o como sucede también en La Guerra de la Doble Muerte Z, de Alejandro Castro Guerrero, en donde no sólo se narra la historia desde el punto de vista de los desconcertados humanos, sino también desde la de unos zombis tristemente conscientes de su inminente aniquilamiento.

Y por si no bastara el aliciente de encontrar a muertos vivientes invadiendo la Rambla de Barcelona, de asistir al bombardeo de una Granada infestada de criaturas o de ver Cádiz convertido en un inmenso campo de internamiento para zombis, los puntos de vista de las historias también resultan sorprendentemente variados: en algunas los supervivientes tratan de reconstruir a duras penas un mundo devastado, como sucede en la obra Apocalipsis Island, de Vicente García. También hay personajes humanos que se alían con los zombis obedeciendo a un mesianismo muy particular, como el padre Isidro de la obra Los Caminantes, de Carlos Sisí. Hay zombis que han conservado intacta su humanidad e intentan sobrellevar su nueva condición con dignidad, como en Diario de un Zombi, de Sergi Llauger. E incluso hay historias protagonizadas por niños-zombi, como en Su Majestad El Rey de Los Niños Zombis, de Pedro Pablo Picazo.

La bizarría del zombi ibérico a la hora de explorar los campos más variados llega al extremo de hacer versiones inspiradas en grandes clásicos, como Házael G. González con su Quijote Z, Lázaro González-Pérez de Tormes y su LaZarillo Z. Matar Zombies Nunca fue Pan Comido, o Alberto López Aroca con su libro Sherlock Holmes y Los Zombis de Camford.

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El éxito de la plaga en España

Ya sea haciendo reír o estremeciendo al lector lo cierto es que una epidemia de zombis campó por todo el país entre los años 2008 y 2009 sin que existiera una única respuesta para explicar tal éxito. Algo que sí se sabe, sin embargo, es que España “se contagió” con los zombis que llegaron de Estados Unidos. De allí procedía la primera andanada que llegó a la península durante los 90 y especialmente a partir del 2000, y de allí vino también Max Brook, el escritor que en 2006 marcó un hito con Guerra Mundial Z (World War Z), un best-seller que al poco fue llevado al cine (ofreciendo un resultado que no puede compararse con la novela, dicho sea de paso). El libro refleja el tono apocalíptico dominante en el género al tiempo que le dota de calidad y realismo, narrando la supuesta historia de un investigador de la ONU que entrevista a decenas de personajes de todo el mundo supervivientes como él mismo de una plaga mundial de zombis que, se supone, diezmará a la humanidad dentro de un par de décadas.

Fue precisamente el éxito de la novela de Brooks lo que indujo a diversas editoriales españolas a buscar autores patrios que escribieran sobre zombis. David González Romero, editor de Almuzara (la editorial que trajo a España la obra de Brooks y una de las que más ha apostado por el subgénero zombi en nuestro país) consideraba fundamental la influencia del estadounidense: <Se trata del autor más importante por su calidad y por la inteligencia con la que ha planteado la temática. ¿No puedes imaginar una debacle vírica? ¿No puedes imaginar que surja en China (como sucede en la novela) y prospere por un encubrimiento político a nivel global? Pues así empieza Guerra Mundial Z.>

Además de a la influencia norteamericana también hay razones que apuntan a que el zombi es un género que, al parecer, ya estaba maduro para triunfar. Así opinaba Vicente García, fundador y director de Dolmen, la editorial que más apostó por los no muertos en todo el país, hasta el punto de crear la llamada “Línea Z”, una sección que, con 58 títulos, aglutinó a la mayor parte de estos nuevos escritores. Vicente, que es además autor de Apocalipsis Island, uno de los primeros relatos de muertos vivientes publicados, opinaba que la razón del éxito se debía “a que se han publicado obras muy buenas y a que el género postapocalíptico siempre ha gustado. <Es algo,> añadía <que estaba ahí, y que finalmente ha explotado.>

Otra de las razones que justificaron su éxito apuntaba al atractivo que el zombi poseía de forma intrínseca como personaje literario. Para David González Romero, el editor de Almuzara, se debía “a que hoy tenemos necesidad de héroes creíbles, y a esos héroes hay que fabricarles una ficción tan creíble como atractiva, algo que los zombis pueden lograr.” Sergi Llauger, el padre de Diario de un Zombi, también hacía hincapié en ello: <El zombi es una masa irracional, impersonal, que tiene un único objetivo al que no renunciará nunca, un monstruo con el que no se puede negociar, que adquiere su fuerza de su simpleza. El protagonista que se enfrenta a él es siempre la imagen del rebelde que se opone a la masa.>

Algunos señalaban también las características propias del recién nacido zombi ibérico como causa al menos del éxito literario que se vivió en la península. En opinión de Vicente garcía, el editor de Dolmen, aquella (por entonces)  nueva corriente suponía, si la comparamos con la anglosajona, “una literatura más ‘real’, menos encorsetada, más imaginativa y con menos tópicos.”

Incluso no faltó quien achacaba el éxito de los zombis a la situación socioeconómica del momento, como hizo el autor de La Guerra de la Doble Muerte Z, Alejandro Castro Guerrero: <Estamos en época de crisis y de miedo generalizado. La masificación, la globalización, la pérdida de la identidad de naciones, el miedo al paro y por ende al hambre, todo es caldo de cultivo para esta masa zombi que, en el fondo, somos nosotros mismos.>

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El futuro de la horda

Aunque todos estos escritores y editores le debieron su reciente bonanza a los no muertos también se mostraron realistas y no dejaron de ver este éxito como una moda literaria pasajera, tanto es así que la mayoría coincidía en que a los zombis les quedaban, a lo sumo, un par de años o tres de dominio. En este tiempo, según la mayoría, habrían de salir aún títulos muy buenos, pero al final todo acabaría con sus criaturas pudriéndose tras morir de inanición, como acaban también, premonitoriamente, muchas de sus historias.

Aún así, muchos coincidían también en que, una vez pasaran de moda, los no muertos no volverían a caer en el ostracismo en que antaño se encontraban, sino que, tras esta edad de oro, se habrían ganado por fin un merecido puesto en la literatura de terror.

Y sí, ciertamente parece que, a día de hoy, la burbuja zombie ha explotado, aunque también puede verse cómo, tras echarle un mero vistazo a cualquier librería española, aún quedan numerosas cubiertas de libros exhibiendo las palabras “no muertos”, “zombies” o simplemente subrayando la letra “Z”. Independientemente de quienquiera que sea que le tome el relevo (¿ángeles caídos, vampiros de nuevo?) parece que aún quedan muchos zombies con los que bregar, tanto en España como en el resto del mundo, para bien o para mal. Y ya llevamos una década siendo invadidos.

9788499082974

(lee la segunda parte de este artículo aquí)

(read this article in English here)

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2 responses to “La edad de oro del zombi ibérico

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