Casas Viejas, el libro sobre el anarquista que desveló la masacre

11 de enero de 1933. Campesinos anarquistas del pueblo gaditano de Casas Viejas toman el control del ayuntamiento en una refriega en la que mueren dos guardias civiles. A las pocas horas comienzan a acudir numerosos efectivos de la Benemérita y la Guardia de Asalto, y se inicia un combate en el que mueren un miembro de las fuerzas del orden y siete vecinos, seis de ellos en el asedio y posterior incendio de la cabaña del anarquista local “Seisdedos”, en donde se había refugiado y hecho fuerte un grupo de hombres, mujeres y niños. En la mañana del 12, tras estos incidentes, y a pesar de no hallar más resistencia, las tropas gubernamentales fusilan a catorce vecinos desarmados y durante los días sucesivos detienen y torturan a varias decenas más.

Asalto4(Fotos de archivo sobre los sucesos de Casas Viejas)

 

Estos sucesos, conocidos popularmente como los “Hechos de Casas Viejas”, son solo uno de tantos episodios a los que dio lugar la revolución anarquista que CNT y FAI emprendieran, sin éxito, por casi toda España a comienzos del año 1933. Sin embargo, Casas Viejas se convirtió muy pronto en el incidente más sonado y trascendente de todos, debido tanto a su trágico desenlace como, sobre todo, a los vanos intentos que hiciera el gobierno del entonces presidente Manuel Azaña por ocultárselo a la opinión pública, lo que provoco una oleada de indignación y una crisis de gobierno que acabaría obligando a dimitir al mismísimo presidente apenas unos meses más tarde.

Si los intentos de ocultación fracasaron y los “hechos” llegaron finalmente a la sociedad fue gracias a que la prensa española los denunció públicamente,un papel que tradicionalmente se ha otorgado a Eduardo Guzmán y a Ramón J. Sender, periodista de reconocido prestigio y gran escritor que más adelante contaría una historia algo similar en su obra Requiem por un Campesino Español.

Sin embargo, las útimas investigaciones señalan que fue Miguel Pérez Cordón el primer periodista en hacerse eco de la sangrienta represión en su artículo “Por el agro andaluz ¡¡Casas Viejas!! Continúa la represión. Rasgos” publicado el 18 de enero del 33 en el periódico anarquista CNT.

La “exclusiva” pues la detenta Cordón, como reivindica José Luís Gutiérrez Molina en su libro titulado  Casas Viejas, del Crimen a la Esperanza. La controversia radica en el hecho de que siempre se pensó que fueron Eduardo Guzmán y Ramón J. Sender los principales divulgadores de los hechos, cuando lo cierto es que no publicaron nada hasta el 19 y el 24 de enero respectivamente, es decir, una y dos semanas después de la tragedia. Incluso otros grandes periodistas del momento callaron o tardaron en informar, como Julio Romano y el fotógrafo José Demaría Vázquez, enviados a Casas Viejas por la revista Crónica el día 14 para realizar un impresionante reportaje gráfico que, sin embargo, no publicaron por temor a la censura, o el periodista estrella del diario de referencia El Sol, Valentín Gutiérrez de Miguel, quien habiendo llegado al pueblo el mismo día 12 no pudo enterarse de nada.

Aún siendo por entonces un mero colaborador, y sin siquiera poder acceder al pueblo, a la sazón tomado por las fuerzas del orden, Cordón, oriundo de la zona, se desplazó durante días por los alrededores, aportando nuevas informaciones inéditas tanto para CNT como para La Tierra, El Luchador y Tierra y Libertad, gracias, en parte, a los contactos que le facilitaba su filiación anarquista, hasta que el 25 de enero fue detenido y enviado a la cárcel de Medina Sidonia. Allí, no obstante, seguiría escribiendo, y conocería además a María Silva, la única superviviente de la matanza en la cabaña de “Seisdedos”, quien poco tiempo después se convertiría en su mujer.

casas-viejas-sucesos(Fotos de archivo sobre los sucesos de Casas Viejas)

 

Tras la pista del anarquista

Como fuere, Casas Viejas, del crimen a la esperanza, no es un libro sobre los violentos sucesos que se vivieron en el pueblo hoy rebautizado como Benalup-Casas Viejas en tiempos de la II República, sino la biografía del destacado anarquista Miguel Pérez Cordón (1909 Algar, Cádiz – Cartagena en 1939), quien, a pesar de su influencia como militante libertario y como periodista, y de su papel fundamental en la denuncia de los hechos acaecidos en el pequeño pueblo gaditano en enero de 1933, se ha visto históricamente eclipsado por la que fuera su mujer, María Silva, quien se convirtiera por muchos años, tras sobrevivir a la tragedia, en símbolo del imaginario izquierdista español.

El libro, publicado por la editorial Almuzara en 2008, es fruto del trabajo del historiador gaditano José Luís Gutiérrez Molina, quien desde 2002 siguió la hasta hoy difuminada pista del susodicho anarquista y reportero a través de los numerosos artículos que publicara en vida en diversos periódicos de tendencia libertaria, de su rastro en archivos y documentos dispersos por Salamanca, Cartagena, Cádiz, Madrid e incluso Amsterdam, de la ayuda de otros historiadores locales y de conocidos, familiares y descendientes.

Es así que podemos conocer más acerca de Cordón, desde sus inicios como anarquista en Paterna, el pueblo gaditano en donde se crió, a su paso por Sevilla, la fama periodística adquirida al ser el primero en denunciar la matanza de Casas Viejas, su matrimonio con María, su estancia en Madrid, su vuelta a Cádiz, la muerte de su mujer y su huída a Cartagena tras el inicio de la Guerra Civil, su breve paso por el frente y su vida en la ciudad murciana como redactor y director del periódico anarquista Cartagena Nueva hasta su confuso asesinato en la sublevación pro-franquista que se vivió en la ciudad en marzo del 39, apenas unos meses antes del fin de la guerra.

El episodio de Casas Viejas, por lo tanto, sirve más bien como elemento aglutinante del relato, al suponer un punto de inflexión en la vida de sus dos protagonistas, que se conocieron a raíz de aquellos sucesos. <La parte de Casas Viejas no es fundamental,> comenta Gutiérrez Molina, <por un lado sirve para poner de manifiesto la aportación de Miguel como primer periodista en divulgar los hechos, por otro demuestra cómo, por omisión o por descuido del censor, el gobierno reconocía lo sucedido, y luego además une a Miguel y a María.>

De hecho, el libro ahonda mucho más en la situación política, social y económica del momento, especialmente en el pueblo de Paterna, en donde Miguel se crió y donde vivió junto a su mujer María hasta el estallido de la guerra. Junto a esto trata también la evolución de las posturas anarquistas del momento, la gestación del alzamiento y la subsiguiente represión franquista en los pueblos del sur de Cádiz (muy especialmente en Paterna), el desarrollo de la guerra o la vida en la Cartagena republicana, y todo mientras se le sigue la pista a Cordón y se analiza, a través de sus numerosos artículos, la evolución de su pensamiento y su ideología.

La tarea de rastrear a Cordón, sin embargo, no siempre resulta fácil, como reconoce el autor cuando el protagonista se traslada a Cartagena: <Miguel en Cartagena es un extraño, no hay demasiada documentación sobre él, y eso me permite seguir más su evolución ideológica que su vida personal.> Así, y a pesar de sus investigaciones, Gutiérrez Molina no puede evitar dejar ciertos espacios de su historia en blanco, como el lugar en el que yace María Silva, una de las incógnitas más dolorosas. <Los puzzles históricos no son perfectos, nunca se completan,> comenta al respecto, <la profesionalidad del historiador proviene de la honradez a la hora de manejar el material de que dispone, si el trabajo está bien hecho eso hay que tenerlo en cuenta, independientemente de que haya huecos. En este tipo de trabajos llega un momento en que hay que reflexionar y cortar, aunque la información y la investigación nunca se acaban, porque después siguen saliendo cosas.>

UNA MILICIANA EN LA PRIMERA LÍNEA DE LA AVANZADILLA DE LA SIERRA.

(Miliciana en primera línea, imágenes de la Guerra Civil)

 

El origen del libro y sus fuentes

La preponderancia de la figura de Cordón, aunque formalmente comparta protagonismo con su mujer María Silva, se explica por la forma en que se gestó el libro: <Los antecedentes radican en un proyecto que inicié en los años 80 consistente en escribir las biografías de tres anarquistas de Cádiz que se corresponden generacionalmente con las distintas fases del anarquismo gaditano y español> explica el autor, <de los cuales Miguel Pérez Cordón es el más joven y el que llega al proceso revolucionario.>

A esto, sin embargo, se le añade la fructífera relación establecida con el hijo de Cordón y María, Juan Pérez Silva, al que Gutiérrez Molina conoce a partir de 2001 y a quien describe como “el catalizador del duelo de muchas familias españolas, pues crece con el desconocimiento de la historia de sus padres desparecidos, emigra a Alemania, vuelve más tarde, y concede incluso una serie de entrevistas tras la muerte de Franco, pero que, aún así, teniendo miedo y siendo reservado”.

De esta relación, según el autor, el proyecto original se agrandó hasta englobar también la vida de María Silva y el intento de descubrir el lugar en el que se hallan enterrados los cuerpos de ambos personajes, asesinados en 1939 y 1936 respectivamente, algo que Gutiérrez Molina logra sólo en el caso de Cordón, lo que le ha supuesto, según sus propias palabras, “una de las mayores satisfacciones que le ha aportado el libro”, junto a la de haber podido recopilar el trabajo periodístico-literario del citado anarquista, incluidas las publicaciones que realizara entre los años 36-39 el periódico anarquista Cartagena Nueva, hasta hoy dispersas.

A la importancia de haber contado con Juan Pérez Silva, Gutiérrez Molina añade la de la hermana de María Silva, Catalina Silva, residente en Francia desde el final de la Guerra Civil, y según el autor “un encuentro, como les hay en todo libro de investigación, de suerte”, teniendo en cuenta que “Catalina nunca antes había hablado con nadie, ni siquiera con sus hijas.”

De ahí Gutiérrez Molina destaca la importancia de las fuentes orales, una de las labores “más agradecidas” de la labor del historiador, y a las que hay que considerar “no como a un pañuelo de usar y tirar, sino como a una persona, con sus intereses”, con quien “el contacto personal es un proceso importante, igual que respetar y dejar claros los intereses de cada uno.” <Las fuentes orales,> añade, <dependen mucho del desarrollo y la propia relación del investigador.>

No obstante, no en todos los casos se considera tan afortunado, pues varios de los testimonios que ha recogido en el entorno de Cádiz y en los pueblos de Paterna y Casas Viejas han sido bajo condición de anonimato, lo que, según él, demuestra que “incluso hoy hay miedo de hablar de ciertas cosas”.

Además de la importancia de las fuentes orales, Gutiérrez Molina no deja de lado el trabajo de archivo, “un diamante en bruto” que hay que pulir en toda investigación: <Disfrutar del archivo y encontrar una buena ‘veta documental’ es, para los historiadores de mi generación, por lo general bastante individualistas, una gran satisfacción.>

asturias

Escribiendo la historia con un fin social

<Todo trabajo tiene una intencionalidad, y yo trabajo la historia no solo por erudición, sino también por su proyección social> afirma José Luís Gutiérrez Molina al hablar sobre un libro histórico fuertemente reivindicativo que pretende hacer justicia a Cordón por la difusión que hiciera en su día de los hechos de Casas Viejas, señalar la responsabilidad del gobierno de Azaña en la matanza, bucear en las vicisitudes del movimiento anarquista en tiempos de la II República y la Guerra Civil, y denunciar que, hasta hoy, siguieran desaparecidos los cuerpos de sus dos personajes principales, Miguel y María.

<Hay una falta de intencionalidad política, de voluntades particulares y colectivas, de hacer frente a un problema desagradable legal y electoralmente hablando,> afirma el autor acerca de los cientos de miles de represaliados del franquismo que comparten la misma suerte que María, cuyo estatus legal de víctima lleva años intentando obtener junto a Juan Pérez Silva, en un proceso que define como “difícil” y en el que asegura haber invertido ya varios años y miles de euros.

En cuanto al anarquismo, eje vertebrador del libro junto a la vida de Cordón, Gutiérrez Molina señala que “en la sociedad civil nadie habla del tema”, un hecho que refleja, según su parecer, el que su libro interese “sobre todo a la gente local”, a la de la campiña de Cádiz. <Casas Viejas es un fenómeno conocido a nivel político, histórico y cultural, pero el tema anarquista es un tema bastante complicado de tratar, porque es una pieza del puzzle histórico sobre cuyo papel no hay un consenso, y que además está relacionada con asuntos como el compromiso con la memoria histórica, por lo que suele ser utilizada como un arma arrojadiza.>

Mantener vivo el debate sobre el anarquismo y preservar la memoria histórica supondrían pues la finalidad social que pretende el autor en todas sus obras. <La sociedad española es un poco inculta, y carece de voluntad para estar formada y tener capacidad de opinar,> opina Gutiérrez Molina. <Después de 30 años de régimen democrático seguimos así, con la sociedad sin conocimiento de su pasado.>

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(lee este artículo en inglés aquí)

 

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